Oleoducto Trans-Alaska es la infraestructura cuyos propietarios iniciaron con más de siete años de anticipación el proceso para renovar los derechos federales de paso que permiten operar este sistema petrolero de 1.287 kilómetros. Actualmente, las autorizaciones vencen el 22 de enero de 2034. Sin embargo, Alyeska Pipeline Service, operadora del sistema en representación de Hilcorp Energy, ConocoPhillips y ExxonMobil Holdings, busca obtener una extensión adicional de 30 años. De prosperar la solicitud, el Sistema de Oleoductos Trans-Alaska (TAPS) tendría mayor certeza regulatoria para continuar transportando petróleo desde el North Slope hasta Valdez durante las próximas décadas.
Oleoducto Trans-Alaska entra en revisión federal
Por su parte, el Departamento del Interior de Estados Unidos comenzó la revisión formal de la solicitud presentada por Alyeska. El procedimiento contempla inicialmente una evaluación ambiental dirigida por la Oficina de Administración de Tierras (BLM). La agencia abrió además un período de 15 días para recibir comentarios públicos relacionados con el alcance del análisis gubernamental.
La renovación anticipada resulta especialmente relevante porque el proceso anterior tomó cerca de dos años. En 2004, cuando fueron renovados por última vez los derechos federales de paso, los propietarios habían iniciado el trámite menos de tres años antes del vencimiento. Esta vez, el margen es considerablemente mayor y coincide con una administración estadounidense que busca acelerar el desarrollo de petróleo y gas en Alaska.
TAPS gana importancia ante nuevos proyectos petroleros
Además, las perspectivas del oleoducto Trans-Alaska han cambiado con el desarrollo de nuevos recursos petroleros en el norte del estado. Durante años, la caída de la producción del North Slope generó dudas sobre la viabilidad futura del sistema. En 1988, el TAPS transportaba más de 2 millones de barriles diarios. Posteriormente, la reducción del flujo creó desafíos operativos asociados al transporte de crudo a velocidades menores.
Ahora, nuevos desarrollos petroleros han modificado ese escenario, empresas como ConocoPhillips y Santos avanzan en proyectos asociados a recursos que podrían incrementar la producción de crudo de Alaska y elevar nuevamente la utilización del oleoducto. El Gobierno estadounidense también ha mostrado interés en aumentar su aprovechamiento. Durante una visita a la Estación de Bombeo 1 en Deadhorse, el secretario de Energía, Chris Wright, señaló que el presidente Donald Trump quiere duplicar el flujo de petróleo transportado por TAPS.
Alyeska busca certeza para la operación a largo plazo
Asimismo, Alyeska considera que una autorización de largo plazo permitiría ofrecer mayor previsibilidad a las empresas y comunidades vinculadas al sistema.
Una renovación a largo plazo brinda certeza a la industria, las empresas, los trabajadores y las comunidades que dependen del TAPS para el transporte seguro y confiable de petróleo desde la vertiente norte de Alaska hasta Valdez.
John Kurz
El TAPS comenzó sus operaciones en 1977 y desde entonces funciona como la principal ruta para trasladar el crudo producido en el North Slope desde Prudhoe Bay hasta el puerto de Valdez. La infraestructura fue financiada y construida por empresas privadas aunque su desarrollo recibió un impulso decisivo del Congreso estadounidense en 1973 para facilitar las autorizaciones federales necesarias.
Renovación enfrenta cuestionamientos ambientales
Sin embargo, el futuro del oleoducto también forma parte del debate ambiental estadounidense, organizaciones ambientalistas han solicitado al Departamento del Interior una nueva evaluación de los impactos del TAPS sobre el clima y el medio ambiente. Estos grupos plantean que el calentamiento global debería conducir hacia una reducción gradual y eventual desmantelamiento del sistema.
La discusión ocurre mientras Alaska busca ampliar el desarrollo de sus recursos de petróleo y gas, la administración Trump considera al TAPS una infraestructura disponible con capacidad para manejar mayores volúmenes de crudo. Por ahora, el inicio de la revisión federal no garantiza la renovación, el proceso deberá evaluar la solicitud de Alyeska y sus implicaciones ambientales antes de determinar si los derechos de paso pueden extenderse durante otras tres décadas.
Además, las autorizaciones correspondientes a terrenos estatales deberán renovarse mediante un procedimiento independiente administrado por el gobierno de Alaska.
Fuente: Rigzone
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