Las bandas que roban cátodos de cobre en los trenes que atraviesan el desierto de Atacama están modificando sus métodos para superar las seguridad ferroviaria y medidas de protección implementadas por las compañías mineras y ferroviarias.
Antofagasta Plc advirtió que la evolución de estos ataques representa un riesgo creciente para los trabajadores, la continuidad operacional y una cadena logística estratégica para Chile.
El problema adquiere una dimensión particular porque el Ferrocarril de Antofagasta a Bolivia (FCAB), filial de Antofagasta Plc, opera aproximadamente 700 kilómetros de vías utilizadas para transportar cobre desde distintas operaciones mineras hacia los puertos.
Buena parte de esos recorridos atraviesa extensas zonas desérticas con infraestructura limitada y cobertura de comunicaciones reducida.
Las bandas que roban cátodos de cobre en los trenes que atraviesan el desierto de Atacama están modificando sus métodos para superar las medidas de protección implementadas por las compañías mineras y ferroviarias.
Las incursiones están cambiando de método
Según antecedentes de la Fiscalía chilena citados por Reuters, algunos delincuentes han llegado a saltar desde camiones hacia trenes en movimiento y lanzar planchas de cobre de aproximadamente 80 kilogramos hacia integrantes de la banda que esperan junto a la vía. En otros casos utilizan ganchos para extraer conjuntos de cobre cuando los convoyes reducen su velocidad o se detienen.
El cobre sustraído puede terminar en circuitos ilegales de comercialización, donde es fundido para eliminar las marcas que permiten identificar su procedencia y posteriormente enviado al extranjero, incluso camuflado como chatarra.
Para una industria cuya logística depende de recorridos ferroviarios extensos, la modificación del método de ataque tiene una consecuencia técnica importante: una medida diseñada para impedir físicamente el acceso a la carga puede dejar de ser suficiente cuando el adversario modifica el punto y el momento de la intrusión y atentar contra la seguridad ferroviaria.
169 toneladas robadas en cuatro meses
Antofagasta reportó 86 robos durante 2025, más del doble de los 39 asaltos ferroviarios registrados por medios locales en 2022. Pero la evolución de 2026 resulta todavía más significativa: durante los primeros cuatro meses del año se registraron 34 asaltos y fueron sustraídas 169 toneladas métricas de cobre, equivalentes al 71% del volumen robado durante todo 2025.
Uno de los objetivos recurrentes ha sido el tren que transporta cobre procedente de Chuquicamata, operación de la estatal Codelco. Antofagasta indicó que este servicio fue atacado decenas de veces durante 2025 y que las pérdidas asociadas al cobre alcanzaron aproximadamente US$2,4 millones.
La respuesta ha requerido inversiones específicas. La operadora ferroviaria presupuestó una cantidad cercana a esas pérdidas para instalar una jaula antirrobo y asignar un equipo de seguridad ferroviaria a la línea.
Cuando una barrera deja de ser suficiente
Las jaulas atornilladas a los vagones habían demostrado ser uno de los controles más efectivos utilizados por FCAB. La compañía comenzó a desarrollar en 2018 tapas metálicas robustas y remontables destinadas a impedir la extracción de los paquetes de cátodos durante el transporte. FCAB informó entonces resultados positivos en los servicios equipados con esta solución.
Un tren equipado con una jaula de protección y que transportaba material procedente de la mina El Abra, operada por Freeport-McMoRan, fue atacado dos veces en un período de apenas dos semanas, según Antofagasta. La empresa interpretó el hecho como evidencia de una mayor adaptación, coordinación, sofisticación y tolerancia al riesgo por parte de las bandas.
Desde una perspectiva de ingeniería de seguridad, este dato es más importante que el número absoluto de robos.
Una barrera física funciona mientras consiga modificar suficientemente la probabilidad y el costo de materializar el ataque. Cuando el atacante aprende a trabajar alrededor de ella, el control pierde parte de su eficacia y debe integrarse en una arquitectura de protección más amplia.
El riesgo de la seguridad ferroviaria ya alcanza a los trabajadores
La evolución de los ataques también está modificando la naturaleza del riesgo operacional.
El cobre transportado suele estar asegurado durante el tránsito, por lo que una parte de la pérdida económica directa puede estar cubierta. Sin embargo, el seguro no elimina el riesgo físico para las personas ni las consecuencias sobre la operación.
En 2026 se han registrado episodios en los que los delincuentes han intimidado a operadores ferroviarios e incluso han arrojado piedras contra trabajadores mientras escapaban con cobre. Un caso ocurrido en abril en el sector de la estación Los Vientos, en Mejillones, involucró la intimidación de una operadora y el robo de tres paquetes de cátodos.
El cobre convierte la logística en infraestructura estratégica
La importancia de la seguridad ferroviaria excede el valor de las toneladas sustraídas.
Chile produjo aproximadamente una cuarta parte del cobre mundial y las exportaciones del metal alcanzaron US$5.370 millones solamente durante julio, según los datos citados en el reporte. Frente a ese volumen, los robos representan todavía una fracción reducida.
Sin embargo, el cobre ocupa una posición estratégica en la expansión de redes eléctricas, vehículos eléctricos, infraestructura renovable y sistemas industriales.
Por eso una interrupción repetida del transporte puede tener consecuencias que van más allá del valor de la carga individual.
FUENTE: https://www.reuters.com/
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