La quema de gas global alcanzó 167 mil millones de metros cúbicos (bcm) en 2025, el nivel más alto en seis años y el tercer incremento consecutivo, según el Banco Mundial. El volumen quemado equivale a US$54.000 millones en valor energético destruido y más de 400 millones de toneladas de CO₂ equivalente emitidas.
Rusia, Irán e Irak concentran cerca de la mitad del total mundial. En Rusia, Vedomosti reportó 25,1 bcm quemados en 2025, alza del 6,8% respecto a 2024. Nueve países —Rusia, Irán, Venezuela, México, Argelia, Nigeria, Irak, Libia y EE.UU. representaron más del 80% del flaring global produciendo la mitad del petróleo mundial.
¿Por qué volvió a crecer la quema de gas global?
Demetrios Papathanasiou, director global de energía del Banco Mundial, señaló que “las consecuencias económicas del flaring continuo son simplemente demasiado sustanciales.” Zubin Bamji, gerente de la Alianza de Flaring y Metano del Banco Mundial, apuntó: “Las tecnologías para capturar el gas asociado están bien establecidas. Lo que falta en demasiadas regiones es el liderazgo, la priorización y la gobernanza esenciales para implementar estas soluciones.”
El costo para eliminar la quema rutinaria oscila entre US$70.000 y US$100.000 millones, menos del doble del gas que actualmente se desperdicia cada año. La iniciativa Zero Routine Flaring by 2030 del Banco Mundial enfrenta una trayectoria adversa con tres años consecutivos de aumento.
Para la captura y monetización del gas asociado, el informe del Banco Mundial confirma que la brecha no es tecnológica sino de infraestructura: sistemas de recolección, compresión y transporte no planificados en paralelo con los pozos productores.
El desperdicio energético supera los US$54.000 millones
Libia, Argelia y Nigeria quemaron más de 25 bcm en 2025. Nigeria registró entre 6,08 y 6,6 bcm según la fuente —NUPRC versus estimación satelital del Banco Mundial, diferencia atribuida a metodologías de medición distintas. El regulador nigeriano reafirmó el compromiso de eliminar la quema rutinaria para 2030.
La divergencia entre medición in situ y datos satelitales refleja deficiencias en los sistemas de monitoreo de emisiones de metano en instalaciones upstream. Sin medición precisa, los compromisos de reducción carecen de base técnica verificable.
Además del impacto económico, la quema rutinaria de gas representa una oportunidad desaprovechada para fortalecer la seguridad energética mundial. Gran parte de ese gas asociado podría aprovecharse para la generación eléctrica, el abastecimiento de industrias, la producción de gas natural licuado (GNL) o como materia prima para procesos petroquímicos. Sin embargo, en muchas regiones productoras persisten limitaciones de infraestructura, capacidad de procesamiento y acceso a mercados, lo que obliga a eliminar el excedente mediante combustión en lugar de incorporarlo a la cadena de valor.
Reducir la quema de gas será clave para la transición energética
El reporte del Banco Mundial sobre Gas Flaring 2026 señala demanda estructural en compresión, gas gathering systems, plantas de procesamiento y digitalización de activos midstream. El déficit de tres años consecutivos amplía la oportunidad para EPCs, proveedores de turbomaquinaria y empresas de integridad de activos en África, Oriente Medio y América Latina. También se puede profundizar en la cobertura con los datos de Reuters sobre el avance de Rusia e Irán.
Para la industria del petróleo y el gas, reducir la quema de gas se ha convertido en un indicador clave del desempeño ambiental y operativo. Las compañías están incrementando las inversiones en sistemas de recuperación de gas, compresión, monitoreo digital y tecnologías de detección de emisiones para cumplir con objetivos de descarbonización y responder a las exigencias regulatorias e inversionistas. Estas medidas no solo disminuyen las emisiones, sino que también permiten recuperar un recurso energético con valor comercial.
Fuente: World Bank Group /Reuters