Olas de calor cada vez más intensas están dejando de ser únicamente un problema meteorológico en Europa para convertirse en un riesgo financiero para las empresas. La hostelería, el transporte, la agricultura y la industria afrontan menores ingresos, problemas operativos y mayores costes mientras los seguros tradicionales ofrecen una protección limitada frente al calor extremo.
El problema reside en la naturaleza de las pérdidas, una inundación puede destruir instalaciones y una tormenta puede dañar equipos. En cambio, una ola de calor puede reducir las ventas o la productividad sin provocar daños físicos directos que activen una póliza tradicional.
Olas de calor amplían la brecha de cobertura de seguros
Según estimaciones de Moody’s, las olas de calor del verano pasado en Europa provocaron unos 43.000 millones de euros en pérdidas de producción económica. Sin embargo, las indemnizaciones aseguradas alcanzaron apenas unos 500 millones de euros.
La diferencia muestra una amplia brecha entre el impacto económico real de las temperaturas extremas y las pérdidas que finalmente absorbe el sector asegurador.
Además, el problema se hace visible a escala local, en Padua, Italia, el calor está modificando incluso los horarios tradicionales de consumo. Los clientes de bares y restaurantes retrasan el aperitivo para evitar las horas de mayor temperatura y buscan espacios interiores climatizados.
Una encuesta realizada entre unos 600 establecimientos de hostelería de Padua y su provincia encontró que más del 80 % había registrado caídas de facturación cercanas al 20 % durante la reciente ola de calor.
Las empresas afrontan pérdidas sin daños materiales
El impacto se extiende mucho más allá de la hostelería, los episodios prolongados de calor pueden reducir el rendimiento de los trabajadores, afectar las cosechas, elevar la demanda de refrigeración industrial y provocar alteraciones en las redes de transporte.
Así, una fábrica puede mantener intactos sus edificios y equipos mientras aumenta significativamente su factura energética. Una empresa ferroviaria puede afrontar retrasos sin sufrir una destrucción física importante y un comercio puede perder clientes aunque sus instalaciones permanezcan operativas.
Esta característica complica la cobertura, una encuesta realizada en 2023 a 9.000 pequeñas y medianas empresas para el regulador europeo de seguros encontró que el 28 % disponía de cobertura por interrupción de actividad asociada a su seguro de propiedad. Solo el 17 % contaba con protección frente a interrupciones sin daños materiales.
Por ello, el crecimiento de las pérdidas empresariales por calor extremo está poniendo presión sobre modelos de seguro diseñados principalmente para eventos que dejan daños físicos claramente identificables.
El calor se convierte en un riesgo compuesto
Otro problema es que las temperaturas extremas rara vez actúan de manera aislada, el calor puede coincidir con sequías, incendios forestales y escasez de agua, creando una combinación de riesgos que resulta más difícil de modelizar.
Europa tiene además una exposición considerable a este escenario, durante los periodos más intensos, el aumento de las temperaturas puede repercutir simultáneamente sobre infraestructura, trabajadores, cadenas de suministro y consumo.
Empresas como ITAB Group, Buzzi y Worldline ya han señalado efectos del calor o posibles impactos relacionados con las altas temperaturas al informar sobre sus resultados empresariales.
El seguro paramétrico aparece como alternativa
Ante esta brecha de protección, el sector asegurador estudia mecanismos diferentes, una de las opciones es el seguro paramétrico, cuya indemnización puede activarse cuando una variable previamente establecida, como la temperatura, supera determinado umbral.
Este modelo evita depender exclusivamente de la comprobación posterior de daños materiales, si se cumplen las condiciones definidas en el contrato, la cobertura puede activarse aunque la pérdida económica proceda de una interrupción operativa.
El mercado europeo de seguros paramétricos podría alcanzar los 7.930 millones de dólares en 2031, según estimaciones de KBV Research citadas por Reuters. Estas pólizas ya tienen aplicaciones en agricultura y los especialistas contemplan su expansión hacia ámbitos como transporte y protección de trabajadores.
Adaptarse al calor será parte de la estrategia empresarial
Aun con nuevas soluciones aseguradoras, reducir la exposición seguirá siendo esencial. Las empresas pueden necesitar sistemas de refrigeración más eficientes, modificaciones de los espacios de trabajo y evaluaciones de sus cadenas de suministro frente a temperaturas extremas.
Asimismo, los episodios recurrentes obligan a incorporar el riesgo climático a decisiones que antes podían considerarse exclusivamente operativas.
Las olas de calor plantean así un desafío doble para las empresas europeas prepararse para pérdidas que pueden aparecer incluso cuando sus activos físicos permanecen intactos y encontrar instrumentos financieros capaces de responder ante una realidad climática cada vez más costosa.
Fuente: Reuters
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