Methanol Reformer completó la prueba de aceptación en fábrica de su unidad L18, un reformador de metanol que producirá hidrógeno para las instalaciones industriales de Mitsubishi Gas Chemical en Niigata, Japón.
Methanol Reformer completó con éxito la prueba de aceptación en fábrica, FAT (Factory Acceptance Test), de su unidad L18 desarrollada para Mitsubishi Gas Chemical Company (MGC).
El sistema será trasladado posteriormente a las instalaciones de MGC en Niigata, donde producirá hidrógeno a partir de metanol destinado a las aplicaciones de hidrógeno de la planta.
La prueba realizada en las instalaciones de Methanol Reformer en Barcelona reunió a los equipos técnicos de ambas compañías. Cinco representantes de MGC participaron en las verificaciones de la unidad antes de su entrega.
Según la compañía, la FAT confirmó que el sistema terminado cumplía los requisitos técnicos y las características previstas para el proyecto.
El proyecto representa además la primera implantación industrial de la tecnología de Methanol Reformer en Japón. Su instalación permitirá a la empresa extender su tecnología de reformado de metanol hacia un nuevo mercado asiático, mientras MGC incorporará el sistema a sus operaciones industriales en Niigata.
La FAT valida el equipo antes de enviarlo
La prueba de aceptación en fábrica constituye una etapa de control anterior al transporte e instalación del equipo en las instalaciones del cliente. Durante una FAT, fabricante y cliente verifican que el sistema construido responde a las especificaciones acordadas y que sus diferentes componentes cumplen las condiciones establecidas para la entrega.
Esta etapa tiene especial importancia en equipos destinados a procesos industriales porque permite identificar desviaciones antes de que la unidad llegue al emplazamiento definitivo.
Corregir una condición durante la fabricación suele evitar intervenciones posteriores en campo, donde pueden intervenir restricciones de acceso, integración con otras instalaciones, disponibilidad de servicios y ventanas limitadas de montaje.
En el caso del L18, la finalización satisfactoria de la FAT permite avanzar hacia la siguiente fase del proyecto: el traslado del reformador desde Barcelona hasta Niigata para su instalación y posterior puesta en marcha.
Methanol Reformer: Convertir metanol en hidrógeno donde se necesita
Un reformador de metanol utiliza el metanol como materia prima para producir un gas rico en hidrógeno mediante un proceso termoquímico.
Esto permite transportar y almacenar el metanol como portador de la materia prima y generar el hidrógeno en el lugar donde será utilizado, en lugar de depender necesariamente del suministro y almacenamiento de hidrógeno como producto final.
Para determinadas aplicaciones industriales, esta arquitectura puede simplificar parte de la logística asociada al hidrógeno.
El metanol es un líquido que puede manipularse mediante infraestructuras convencionales de almacenamiento y transporte de productos líquidos, mientras que el hidrógeno presenta requisitos específicos relacionados con compresión, almacenamiento, materiales y seguridad.
La ventaja concreta, sin embargo, depende de todo el sistema: origen del metanol, eficiencia del reformador, tratamiento del gas producido, consumo energético y destino del hidrógeno.
Por eso, reformar metanol no convierte automáticamente al hidrógeno producido en hidrógeno de bajas emisiones; la huella ambiental depende también de cómo se haya producido el metanol utilizado como alimentación.
Japón será la siguiente prueba industrial
El proyecto L18 tiene previsto llegar a las instalaciones de Mitsubishi Gas Chemical en Niigata y comenzar su puesta en marcha hacia finales de 2026.
Para Methanol Reformer, el despliegue representa una entrada industrial en Japón y una oportunidad para demostrar su tecnología fuera de su mercado de origen.
La ubicación también resulta relevante desde el punto de vista industrial. Japón necesita desarrollar alternativas para disponer de hidrógeno en un sistema energético con limitaciones de espacio y una elevada dependencia de combustibles y materias primas importadas.
La posibilidad de utilizar un combustible líquido como portador y generar hidrógeno cerca del punto de consumo constituye una arquitectura que puede adaptarse a determinados procesos industriales.
La expansión internacional de esta tecnología dependerá, sin embargo, de algo más que superar pruebas de fábrica.
El rendimiento real en operación, la disponibilidad del equipo, el consumo energético, los costes de mantenimiento y la integración con los procesos existentes serán los indicadores que determinarán su viabilidad industrial a largo plazo.