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EE.UU. puede sustituir los recursos de Canadá, pero pagaría un alto costo

Sustituir los recursos de Canadá exigiría a Estados Unidos ampliar producción, infraestructura y proveedores con mayores costos y plazos.
Banderas de EE.UU. y Canadá frente a infraestructura comercial y portuaria.

EE.UU. dispone de petróleo, gas y minerales propios, pero sustituir el suministro canadiense exigiría nuevas inversiones, infraestructura y proveedores externos.

La afirmación de que Estados Unidos puede prescindir de los recursos de Canadá tiene una respuesta más compleja que un simple sí o no. El país posee enormes reservas de petróleo, gas natural, minerales y madera. Sin embargo, reemplazar el suministro canadiense en las condiciones actuales tendría costos económicos, industriales y logísticos importantes.

El problema está en cómo funciona la infraestructura norteamericana, durante décadas, ambos países han conectado oleoductos, gasoductos, refinerías, redes eléctricas y cadenas industriales. Esa integración permite que los recursos crucen la frontera en grandes volúmenes y lleguen directamente a los mercados que los necesitan.

En 2025, el comercio bilateral de bienes alcanzó unos US$715.500 millones, Estados Unidos exportó US$333.600 millones a Canadá e importó US$381.900 millones, según datos de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos.

Por ello, una separación rápida obligaría a ambos países a buscar alternativas, Canadá perdería su principal mercado para numerosos recursos mientras Estados Unidos tendría que aumentar producción, procesamiento y transporte o recurrir a proveedores más lejanos.

El petróleo canadiense es difícil de sustituir para las refinerías de EE.UU.

En petróleo, la dependencia tiene una particularidad técnica, Canadá es el mayor proveedor extranjero de crudo de Estados Unidos y sus envíos alcanzaron alrededor de 4,1 millones de barriles diarios en 2024, según la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA).

Gran parte de ese volumen corresponde a crudo pesado que llega por oleoductos a refinerías del Medio Oeste y de la costa del Golfo. Muchas de estas instalaciones están configuradas específicamente para procesar este tipo de petróleo.

Por el contrario, buena parte del petróleo producido en formaciones de shale estadounidenses es más ligero. Aumentar su extracción ayudaría a elevar la oferta nacional, pero no representa un reemplazo directo para todas las mezclas canadienses utilizadas por las refinerías.

Estados Unidos podría importar más crudo pesado desde Venezuela, México u otros productores, sin embargo, esa opción implicaría modificar rutas de suministro y asumir mayores costos de transporte o riesgos geopolíticos.

Asimismo, el intercambio beneficia a Canadá, sus productores cuentan con un enorme mercado conectado mediante oleoductos mientras las refinerías estadounidenses reciben un suministro cercano y adaptado a sus instalaciones.

Gas natural y electricidad muestran otra dependencia regional

La relación energética tampoco termina con el petróleo, las importaciones estadounidenses de gas natural desde Canadá promediaron alrededor de 8.600 millones de pies cúbicos diarios durante 2025.

Este suministro tiene especial importancia para regiones como el Medio Oeste y el noroeste del Pacífico, durante períodos de elevada demanda también contribuye al abastecimiento de otros mercados estadounidenses.

En teoría, Estados Unidos podría sustituir esos volúmenes mediante mayor producción nacional, el desafío aparece al transportar el gas hasta el lugar adecuado. Para hacerlo serían necesarios nuevos gasoductos o ampliaciones de capacidad y esos proyectos requieren inversión, permisos y tiempo.

La electricidad presenta una situación similar, Canadá y Estados Unidos operan redes interconectadas que permiten intercambios transfronterizos de energía. La generación hidroeléctrica canadiense puede abastecer mercados estadounidenses como Nueva York, Nueva Inglaterra y zonas del Medio Oeste.

Estados Unidos puede construir más generación y transmisión, sin embargo, reemplazar conexiones existentes exige desarrollar infraestructura que no aparece de manera inmediata cuando cambia la política comercial.

Canadá tampoco queda aislado de esa ecuación, algunas regiones canadienses dependen del gas estadounidense y de intercambios eléctricos en determinados momentos. La red funciona como un sistema continental más que como dos mercados completamente independientes.

Potasa y minerales críticos amplían el problema

Fuera del sector energético aparece otra dependencia estratégica como la potasa, de acuerdo con datos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), Canadá representó cerca del 90% de las importaciones netas estadounidenses de este producto en 2023.

La potasa es un componente esencial de los fertilizantes utilizados por la agricultura, sustituir rápidamente ese suministro obligaría a buscar productores alternativos en un mercado internacional donde también participan países como Rusia y Bielorrusia.

Canadá también ocupa una posición relevante en cadenas de suministro de aluminio, níquel, zinc, uranio y cobalto. Estos materiales tienen aplicaciones en vehículos, redes eléctricas, industria aeroespacial, defensa y manufactura avanzada.

La actual disputa comercial ha puesto parte de esa interdependencia bajo mayor atención, Trump ha defendido que Estados Unidos puede operar sin Canadá, aunque también ha reconocido la importancia del aluminio canadiense para la economía estadounidense.

Para Washington, desarrollar más minería y procesamiento doméstico puede reducir vulnerabilidades a largo plazo. Sin embargo, abrir minas, construir instalaciones de procesamiento y desarrollar conexiones ferroviarias, carreteras o líneas eléctricas puede tomar años.

La autosuficiencia estadounidense requiere más infraestructura

Tener un recurso bajo tierra no significa disponer de él inmediatamente en una fábrica o una refinería, Estados Unidos posee suficientes recursos para ampliar considerablemente su producción interna. Aun así, la autosuficiencia exige extraerlos, procesarlos y transportarlos hasta el consumidor industrial en la forma requerida y a un precio competitivo.

Por ello, sustituir a Canadá sería técnicamente posible en diversas áreas, pero difícilmente sería inmediato o gratuito. La alternativa puede requerir nuevas minas, oleoductos, gasoductos, plantas de procesamiento, líneas de transmisión y contratos con otros proveedores internacionales.

Canadá enfrentaría su propio costo, la dependencia del mercado estadounidense convierte cualquier deterioro prolongado de la relación comercial en un incentivo para desarrollar nuevas terminales de gas natural licuado, oleoductos, puertos y mercados de exportación.

Así, ambos países tienen motivos para diversificar, Estados Unidos puede aumentar su producción y Canadá puede buscar nuevos compradores sin que ello implique desmantelar una infraestructura económica construida durante generaciones.

La cuestión central, por tanto, no es determinar cuál de los dos países podría sobrevivir sin el otro, ambos podrían reorganizar sus cadenas de suministro. El verdadero factor es cuánto tiempo, inversión y eficiencia perderían durante ese proceso.

Para Estados Unidos, Canadá continúa siendo uno de los proveedores de recursos más cercanos y conectados a su infraestructura industrial. Para Canadá, Estados Unidos sigue siendo el mercado natural de mayor escala para buena parte de su producción.

La independencia absoluta tendría un precio, una mayor capacidad doméstica combinada con proveedores diversificados y una relación estable entre ambos países ofrece una alternativa menos costosa para la seguridad energética e industrial de América del Norte.

Fuente: EnergyNow

Foto: Shutterstock

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Analista y redactor de noticias especializadas en tecnología industrial, con una sólida formación en ingeniería. Mi labor se centra en la curaduría y síntesis de información compleja, transformando avances técnicos y cambios regulatorios en reportes periodísticos.