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Canadá proyecta más oleoductos, pero la producción no acompaña el ritmo

¿Qué ocurre cuando la capacidad de transporte crece mucho más rápido que la capacidad de producción que debe alimentarla?
Canadá planea aumentar su capacidad de exportación de petróleo

Canadá enfrenta una paradoja en su infraestructura petrolera: mientras las empresas de transporte proyectan miles de millones de dólares en nuevos oleoductos y ampliaciones, los productores de arenas bituminosas mantienen una estrategia de crecimiento moderado.

Según los datos citados por Reuters, existen al menos seis proyectos de oleoductos en desarrollo o propuesta que podrían elevar en aproximadamente 2,25 millones de barriles diarios la capacidad canadiense de exportación por tubería hacia 2035. El incremento equivaldría a cerca del 45 % de la capacidad actual.

El problema es que esa infraestructura necesitaría petróleo adicional para operar con niveles elevados de utilización. Los cálculos citados indican que la producción canadiense tendría que crecer más de un tercio para 2034, prácticamente duplicando su ritmo promedio actual.

Una capacidad de transporte que necesita petróleo

La situación puede analizarse como un problema clásico de integración entre upstream y midstream.

Construir un oleoducto de gran capacidad no garantiza que exista suficiente volumen para llenarlo. Para que una infraestructura de transporte sea económicamente eficiente, necesita contratos de capacidad, producción suficiente y una perspectiva razonablemente estable de utilización durante buena parte de su vida útil.

Canadá produjo aproximadamente 5,35 millones de barriles diarios en 2025, un máximo histórico. Sin embargo, el crecimiento actual se encuentra muy por debajo de las tasas observadas durante las décadas de 2000 y 2010, cuando se desarrollaron grandes proyectos nuevos de arenas bituminosas.

La diferencia resulta especialmente importante porque el último gran proyecto nuevo del sector, Fort Hills, comenzó operaciones en 2018. Desde entonces, la estrategia predominante ha sido ampliar instalaciones existentes en lugar de construir nuevos desarrollos de gran escala.

El atasco cambia de lugar

Durante años, el problema canadiense fue principalmente la falta de capacidad de transporte. Ahora la situación puede evolucionar hacia un escenario diferente: una capacidad de evacuación superior al crecimiento de la oferta.

El ejemplo más evidente es el proyecto de oleoducto este-oeste propuesto en Alberta, con capacidad potencial de aproximadamente 1 millón de barriles diarios hacia la costa del Pacífico.

Una infraestructura de esa magnitud requeriría simultáneamente nuevos volúmenes de producción, inversiones upstream, instalaciones de procesamiento y, según las condiciones regulatorias, infraestructura de captura y almacenamiento de carbono.

La dimensión financiera también cambia radicalmente. Imperial Oil ha señalado que desarrollar suficiente producción para alimentar únicamente ese sistema, junto con la infraestructura de captura de carbono asociada, podría requerir más de 100.000 millones de dólares canadienses.

Arenas bituminosas: el verdadero límite

La inversión anual en las arenas bituminosas alcanzó aproximadamente 35.000 millones de dólares canadienses en 2014, pero descendió hasta unos 14.200 millones en 2024.

Ese cambio refleja una transformación profunda del modelo de negocio. Las compañías ya no parecen perseguir exclusivamente el crecimiento volumétrico; la disciplina de capital, la rentabilidad para los accionistas, la incertidumbre regulatoria y las perspectivas de largo plazo del petróleo pesan cada vez más en las decisiones de inversión.

Esto explica por qué puede existir simultáneamente una fuerte demanda de nueva infraestructura de transporte y una limitada disposición de los productores a comprometer nuevos proyectos de producción.

Un oleoducto no crea producción: crea capacidad para transportar producción

Si Canadá incrementara su capacidad de exportación en 2,25 millones de barriles diarios, pero el upstream no generara volúmenes adicionales suficientes, parte de esa infraestructura podría operar por debajo de su capacidad nominal.

Desde una perspectiva de ingeniería de sistemas, esto puede expresarse como:

Producción disponible → recolección → procesamiento → transporte → terminal → mercado

Si cualquiera de los primeros elementos crece más lentamente que el último, aparece una capacidad ociosa.

Y existe una segunda consideración: un oleoducto es un activo de vida larga. Su diseño, construcción, permisos y financiación pueden requerir años, mientras que la decisión de perforar, ampliar una mina de arenas bituminosas o aumentar la producción depende de variables que pueden cambiar mucho más rápidamente.

Por eso, el verdadero desafío canadiense no consiste simplemente en construir más oleoductos.

Consiste en determinar cuánta capacidad de transporte necesita realmente el país durante las próximas décadas y qué volumen de producción puede comprometerse económicamente para alimentarla.

Sincronización entre infraestructura, producción, capital y demanda.

Canadá intenta resolver una restricción histórica de evacuación mientras sus productores adoptan una estrategia de inversión mucho más prudente que la de hace dos décadas.

El resultado podría determinar si el país consigue convertir su enorme base de recursos de arenas bituminosas en una expansión sostenida de las exportaciones o si termina construyendo una capacidad de transporte que tarde años en alcanzar niveles elevados de utilización.

FUENTE: https://boereport.com/

Escrito por
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