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IA y centros de datos redefinen transición energética tras cinco años

La transición energética afronta nuevas presiones por la demanda eléctrica de la IA, los centros de datos y restricciones de suministro.
Centro de datos junto a infraestructura eléctrica ante los retos de la transición energética.

La AFPM Summit 2026 puso bajo revisión las principales apuestas de energía limpia desarrolladas durante los últimos cinco años y situó el crecimiento de la demanda eléctrica vinculada con la inteligencia artificial como uno de los próximos grandes desafíos para el sector energético.

La transición energética entra ahora en una etapa marcada por una mayor disciplina de capital, restricciones en la cadena de suministro y una competencia creciente por electricidad, equipos y mano de obra especializada.

Durante la AFPM Summit 2026, celebrada en Grapevine, Texas, especialistas de la industria analizaron el desempeño de tecnologías como el diésel renovable, el hidrógeno, la captura de carbono y el combustible de aviación sostenible (SAF).

El encuentro reunió a cerca de 1.500 profesionales de los sectores de refinación y petroquímica, una de las sesiones se centró en comparar las expectativas que existían hace cinco años con los resultados alcanzados hasta 2026.

La transición energética deja resultados desiguales

Durante el panel, Daniel Orr, de Worley Consulting, repasó cómo ha cambiado el destino del capital en el sector energético durante la última década. Antes de la pandemia, las inversiones estaban concentradas principalmente en mejorar el rendimiento de las instalaciones y aumentar los márgenes bajo condiciones tradicionales de mercado.

Posteriormente, los incentivos estatales y federales comenzaron a impulsar con mayor fuerza los proyectos de energía limpia, una tendencia que se aceleró después de la pandemia.

Según los datos expuestos durante la sesión, para 2025 cerca del 65 % de las inversiones del sector energético se dirigía a energía limpia, mientras que aproximadamente el 35 % permanecía vinculado con combustibles fósiles.

Por su parte, Meaghan McCaffrey, de 1898 & Co., firma de Burns & McDonnell, comparó las expectativas que existían en 2021 con los resultados observados cinco años después.

Entre las tecnologías que mejor respondieron a esas previsiones estuvieron el diésel renovable y el gas natural renovable. Una de sus principales ventajas fue la posibilidad de aprovechar infraestructura ya existente, como tuberías, terminales y sistemas de almacenamiento. Esa compatibilidad permitió acelerar su entrada al mercado y aprovechar con mayor rapidez los incentivos disponibles.

Hidrógeno y amoníaco quedan por debajo de las expectativas

El panorama fue diferente para el hidrógeno, numerosos proyectos anunciados en Estados Unidos sufrieron retrasos o fueron cancelados, mientras que iniciativas de amoníaco azul y verde enfrentaron dificultades similares.

McCaffrey señaló que, de aproximadamente 80 proyectos de amoníaco que había seguido, solo unos pocos llegaron finalmente a construirse.

La captura de carbono mostró avances más visibles, aunque a un ritmo inferior al previsto inicialmente, entre los principales obstáculos estuvieron los procesos de permisos y la necesidad de desarrollar infraestructura para transportar el CO₂.

Las experiencias acumuladas durante estos años están modificando la forma en que las empresas evalúan nuevas inversiones. Los proyectos deberán demostrar una demanda regional suficiente, fundamentos económicos sólidos y condiciones de ejecución realistas antes de avanzar hacia una decisión final de inversión (FID).

La disciplina de capital vuelve al centro de las decisiones

A partir de los resultados observados, los especialistas defendieron una implementación más selectiva de los proyectos de energía limpia. La existencia de incentivos fiscales, por sí sola, no garantiza que una iniciativa tenga condiciones suficientes para llegar a ejecutarse.

La planificación también deberá incorporar con mayor anticipación los riesgos logísticos, el suministro de materias primas y los acuerdos de compra.

Orr planteó que los estudios logísticos, las evaluaciones de riesgo y los acuerdos de suministro deberían realizarse durante las primeras etapas del proyecto, idealmente entre seis y ocho semanas después de su inicio.

Este enfoque permitiría identificar problemas críticos antes de llevar una propuesta ante una junta directiva o comprometer grandes cantidades de capital.

El panel también advirtió que los incentivos han atraído a empresas con capacidades técnicas y financieras muy diferentes. Grandes multinacionales y operadores pequeños pueden competir por los mismos beneficios, aunque sus posibilidades reales de completar los proyectos sean muy distintas.

IA y centros de datos elevan la demanda eléctrica

Uno de los temas que generó mayor atención durante la sesión fue el rápido crecimiento de la inteligencia artificial y de los centros de datos. La expansión de esta infraestructura está modificando las conversaciones sobre nuevos proyectos energéticos debido a sus elevados requerimientos de electricidad.

Según los participantes, la disponibilidad de energía y los acuerdos de compra ya forman parte de las discusiones con los clientes desde las primeras etapas de planificación.

También aumenta la importancia de conocer la capacidad real de los fabricantes de equipos originales (OEM). Los desarrolladores necesitan evaluar el historial de los proveedores y su posición dentro de las cadenas de suministro antes de comprometer calendarios de construcción.

A estas limitaciones se suma la disponibilidad de mano de obra especializada, los equipos de construcción deben repartirse entre nuevos centros de datos y proyectos tradicionales de refinación y petroquímica, una competencia que podría convertirse en otro cuello de botella para la ejecución de nuevas inversiones.

El SAF mantiene una brecha entre demanda y producción

El combustible de aviación sostenible también mostró resultados inferiores a los objetivos proyectados, pese al elevado tráfico aéreo registrado en Estados Unidos durante el verano de 2026.

Una de las principales diferencias frente al diésel renovable se encuentra en las políticas destinadas a garantizar la demanda. El diésel renovable cuenta con el respaldo de obligaciones federales de mezcla asociadas a la Renewable Volume Obligation (RVO). El SAF, en cambio, no dispone de un mecanismo equivalente que genere una señal de demanda de la misma magnitud.

Las aerolíneas mantienen interés en utilizar combustibles sostenibles y las refinerías cuentan con capacidad para producirlos. Sin embargo, la falta de un mandato comparable dificulta alcanzar los volúmenes que se habían previsto para este mercado.

La próxima etapa dependerá de demanda, suministro y ejecución

La experiencia de los últimos cinco años muestra que contar con tecnología e incentivos no es suficiente para garantizar el éxito de un proyecto de transición energética. La demanda regional, la disponibilidad de equipos, la logística, la mano de obra especializada y la disciplina de capital tendrán un peso cada vez mayor en las decisiones de inversión.

A este escenario se suma ahora la inteligencia artificial, el crecimiento de los centros de datos abre nuevas oportunidades para el sector energético, pero también incrementa la competencia por electricidad, transformadores, compresores, proveedores y personal especializado.

De cara al nuevo ciclo de inversiones, la visión planteada por los especialistas apunta hacia un escenario de mayor cautela, en el que los proyectos deberán demostrar con mayor claridad su viabilidad antes de recibir capital.

Fuente: HP Hydrocarbon Processing

Foto: Shutterstock

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Analista y redactor de noticias especializadas en tecnología industrial, con una sólida formación en ingeniería. Mi labor se centra en la curaduría y síntesis de información compleja, transformando avances técnicos y cambios regulatorios en reportes periodísticos.