Así lo advirtió el director de la Agencia Internacional de Energía (AIE), Fatih Birol, al señalar que los daños en la infraestructura energética del Golfo Pérsico podrían prolongar la crisis más allá de lo previsto por los mercados.
La recuperación del petróleo y gas enfrenta retrasos
En este contexto, Birol explicó que la recuperación del petróleo y gas no dependerá únicamente de la reapertura de rutas comerciales clave como el estrecho de Ormuz, sino del tiempo necesario para reparar instalaciones críticas.
Los ataques han afectado yacimientos, refinerías y oleoductos en toda la región. Más de 80 instalaciones energéticas han sufrido daños, lo que ha provocado la retirada de millones de barriles del mercado internacional.
Así mismo, la AIE estima que hasta 13 millones de barriles diarios de producción han quedado fuera de operación, una cifra que refleja la magnitud de la interrupción.
El mercado subestima la duración de la crisis
Por otro lado, el director de la AIE cuestionó la percepción de que el impacto será temporal. Según indicó, incluso si el transporte marítimo se restablece, la producción no volverá rápidamente a los niveles previos al conflicto.
La recuperación será gradual debido a la complejidad técnica de reiniciar operaciones en instalaciones dañadas, especialmente en entornos de alta presión como los campos petroleros y plantas de procesamiento.
El gas natural podría tardar aún más
En cuanto al gas natural, el panorama es más incierto. Algunas terminales de gas natural licuado podrían requerir más de dos años para retomar su funcionamiento normal tras los daños sufridos.
Esto añade presión adicional a los mercados energéticos globales, especialmente en regiones altamente dependientes de las importaciones.
Precios al alza y señales de menor demanda
Mientras tanto, el impacto ya se refleja en el mercado físico. Los precios del crudo al contado han escalado hasta cerca de los 150 dólares por barril, impulsados por la escasez inmediata.
Refinerías en Europa y Asia compiten por el suministro disponible, llegando incluso a reducir su actividad ante la falta de materia prima.
Así mismo, comienzan a observarse señales de ajuste en la demanda. Entre ellas destacan el racionamiento de combustible, la desaceleración industrial y el aumento de la inflación en economías importadoras.
Mercados emergentes, los más expuestos
Finalmente, Birol advirtió que los efectos serán más intensos en Asia y África, donde la dependencia de la energía importada amplifica el impacto de la crisis.
La combinación de precios elevados, menor disponibilidad y presión económica podría generar un escenario prolongado de inestabilidad energética a nivel global.
Fuente: Oil Price
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