Noruega mantendrá el desarrollo de petróleo y gas en el mar de Barents, incluso si la Unión Europea sostiene su respaldo a una moratoria sobre nuevas perforaciones de hidrocarburos en el Ártico. La decisión expone una de las principales tensiones de la transición energética europea: reducir la dependencia de los combustibles fósiles mientras se garantiza suficiente suministro durante las próximas décadas.
El ministro noruego de Energía, Terje Aasland, afirmó a Reuters que Oslo continuará desarrollando los recursos del mar de Barents porque considera que la producción futura contribuye tanto a los intereses nacionales como a la seguridad energética europea. Noruega se convirtió en el principal proveedor de gas natural de Europa después de la invasión rusa de Ucrania en 2022 y actualmente aporta alrededor del 30 % de la demanda conjunta de gas de la Unión Europea y el Reino Unido.
La posición noruega adquiere mayor relevancia porque las previsiones oficiales apuntan a una disminución de la producción de hidrocarburos después de 2030 si no se descubren y desarrollan nuevos recursos. El Gobierno pretende mantener los niveles actuales de producción y exportación de petróleo aproximadamente hasta 2035, y considera que el mar de Barents tendrá un papel importante para alcanzar ese objetivo.
El mar de Barents se convierte en estratégico
Un proyecto offshore atraviesa diferentes etapas antes de generar barriles o metros cúbicos de gas: exploración, descubrimiento, evaluación, desarrollo del campo, construcción de infraestructura, perforación de producción y puesta en operación. Por ello, las decisiones de inversión tomadas durante esta década pueden determinar la capacidad energética disponible durante buena parte de la década de 2030.
Este factor es especialmente importante para Noruega. Si la producción de los campos existentes comienza a declinar y no se incorporan nuevos descubrimientos, la capacidad exportadora del país también podría disminuir.
La estrategia noruega busca evitar ese escenario mediante nuevas campañas exploratorias y desarrollo de recursos en zonas septentrionales. En paralelo, Equinor, Aker BP y Vår Energi han anunciado una iniciativa conjunta para explorar áreas menos maduras de la plataforma continental noruega con el objetivo de identificar grandes descubrimientos y contrarrestar el descenso previsto de producción.
El riesgo de crear activos varados
Los nuevos proyectos del mar de Barents requieren inversiones importantes y pueden tardar años en alcanzar producción. Si durante ese período la demanda europea de gas y petróleo disminuye con suficiente rapidez, algunas instalaciones podrían operar por debajo de las expectativas utilizadas para justificar la inversión.
El resultado potencial es el denominado activo varado: una infraestructura que todavía posee capacidad técnica de producción, pero cuyo valor económico se reduce porque el mercado, la regulación o los costos hacen inviable mantenerla en operación.
Los grupos ambientalistas han utilizado precisamente este argumento para cuestionar la estrategia noruega. Greenpeace sostiene que los nuevos descubrimientos podrían comenzar a producir cuando la demanda europea de gas ya se encuentre en descenso significativo.
Noruega apuesta por la flexibilidad del mercado
Equinor considera que una eventual restricción europea no necesariamente impediría comercializar los hidrocarburos del Ártico.
Su director ejecutivo, Anders Opedal, señaló que el petróleo puede dirigirse a los mercados internacionales y que el gas del mar de Barents podría transformarse en GNL para su transporte marítimo. Esta estrategia utilizaría, entre otras instalaciones, la planta de GNL de Melkøya, cerca de Hammerfest.
El petróleo dispone de un mercado internacional altamente interconectado, mientras que el gas requiere infraestructura adicional para cambiar de mercado: licuefacción, transporte marítimo y regasificación. Por ello, la capacidad de redireccionamiento existe, pero depende de infraestructura, costos logísticos y condiciones del mercado mundial de GNL.
Noruega sostiene además que las zonas del mar de Barents actualmente abiertas a la actividad petrolera presentan condiciones libres de hielo similares a determinadas áreas del mar del Norte. Oslo considera que esto facilita las operaciones y reduce determinados riesgos asociados a la presencia de hielo, aunque la actividad continúa generando fuertes cuestionamientos ambientales.
El desafío técnico de la transición energética
La posición de Noruega introduce un problema que afecta a toda Europa: la diferencia entre capacidad renovable instalada y capacidad firme disponible.
El continente puede aumentar considerablemente la generación solar y eólica, pero continúa necesitando capacidad para períodos de baja producción renovable y elevada demanda.
La hidroelectricidad noruega puede proporcionar flexibilidad y almacenamiento energético mediante sus embalses, pero Oslo considera que Noruega no puede por sí sola equilibrar el sistema eléctrico europeo.
Por eso Aasland reclama mayor inversión europea en generación estable y una infraestructura eléctrica suficientemente robusta.
La cuestión no es únicamente producir más electricidad renovable, sino construir un sistema capaz de mantener el suministro cuando las condiciones meteorológicas no favorezcan a las fuentes variables.
FUENTE: https://www.reuters.com/