Un equipo internacional dirigido por el centro MARUM demostró que la actividad microbiana determina la formación de minerales en los fondos marinos. Los datos recopilados frente a la isla de Milos revelan que los flujos hidrotermales regulan de manera directa el tipo de metabolismo bacteriano presente en el sedimento.
Los mecanismos de sedimentación y formación de minerales en Milos
Las observaciones realizadas a profundidades de entre 100 y 250 metros mostraron la coexistencia de dos sistemas de emisión fluida claramente diferenciados. Por un lado, en los sectores con difusión lenta, la infiltración de agua marina aporta sulfato disuelto que promueve la actividad de organismos reductores. Por consiguiente, la labor de estas comunidades bacterianas genera la formación de pirita en el fondo oceánico.
Por el contrario, en las zonas dominadas por emanaciones calientes y ácidas de carácter advectivo, el agua de mar rica en sulfato no logra ingresar al sedimento. En este contexto, las bacterias oxidantes de azufre colonizan el punto de encuentro entre el fluido hidrotermal y la columna de agua oxigenada. Como resultado directo de esta interacción biogeoquímica, precipita azufre elemental en la superficie marina.
La comunidad científica atribuía la precipitación de minerales en emanaciones térmicas casi de forma exclusiva a procesos físicos y químicos abióticos. No obstante, los descubrimientos coordinados por la doctora Joely Maak confirman que la biota marina altera activamente la composición estructural del lecho oceánico.
El impacto de la expedición METEOR M192
Para alcanzar estas conclusiones, el grupo de trabajo empleó análisis isotópicos de ácidos grasos, estudios mineralógicos y evaluaciones de agua intersticial. Así mismo, la colaboración multidisciplinaria entre especialistas en geomicrobiología, mineralogía y geoquímica facilitó una comprensión integral de las dinámicas en la interfaz oceánica.
Posteriormente a la toma de muestras a bordo del buque de investigación METEOR III durante la campaña M192, los especialistas lograron detallar los ciclos de materiales asociados al carbono y al azufre. La información analizada se integra dentro de los objetivos del Clúster de Excelencia “El Fondo Oceánico: La interfaz inexplorada de la Tierra”.
Finalmente, aunque la embarcación ha concluido su ciclo operativo tras casi cuatro décadas de servicio científico, el material recolectado continúa aportando evidencia técnica fundamental. Los descubrimientos consolidados establecen bases analíticas clave para interpretar la respuesta de los ecosistemas marinos ante fluctuaciones ambientales globales.
Fuente y foto: MARUM