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Un equipo internacional integrado por 80 especialistas zarpa desde la localidad inglesa de Harwich a bordo del buque de investigación polar RRS David Attenborough. La tripulación navegará durante un periodo de entre cinco y seis semanas hacia las costas de Groenlandia, con el propósito fundamental de analizar cómo el flujo acelerado de agua dulce altera los patrones de las corrientes atlánticas en el Océano Atlántico.
Un proyecto para evaluar el deshielo en Groenlandia
Por consiguiente, el proyecto GIANT (Greenland Ice sheet to AtlaNtic Tipping points) dispone de una financiación de 20 millones de libras esterlinas para estudiar los procesos de desprendimiento de masas glaciares. La iniciativa busca comprender la forma en que este aporte hídrico modifica los sistemas térmicos que regulan las temperaturas en el continente europeo.
En particular, las labores operativas emplearán el sumergible no tripulado Boaty McBoatface, con capacidades para descender hasta 1500 metros de profundidad. Este dispositivo operará por debajo de la denominada mezcla glaciar, una capa de nieve y hielo marino acumulada en las zonas de intersección entre las masas de hielo y las aguas abiertas.
Adicionalmente, el ingeniero de operaciones Sam Smith, perteneciente al Centro Nacional de Oceanografía, confirmó que el submarino capturará mediciones geométricas inéditas para la ciencia. La geofísica marina Kelly Hogan, científica del British Antarctic Survey, enfatizó que la reciente ola de calor registrada en Europa Occidental evidencia la vulnerabilidad social ante variaciones en los patrones climáticos globales.
De esta manera, el capitán de la embarcación, Matt Neill, señaló que la retracción acelerada de la cubierta helada exige una recolección continua de datos en zonas críticas. La recopilación sistemática de parámetros oceánicos permitirá nutrir la nueva generación de simulaciones informáticas sobre el comportamiento del sistema terrestre.
Así mismo, los resultados consolidados de la expedición alimentarán un sistema de alerta temprana diseñado para prever colapsos en las estructuras glaciares. El flujo constante de información empírica resultará fundamental para robustecer la capacidad de adaptación ante eventuales alteraciones meteorológicas de gran escala.
Fuente y foto: British Antarctic Survey