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Déficit mundial de petróleo se agrava: IEA recorta oferta para 2026

El déficit mundial de petróleo se profundiza mientras la IEA recorta la oferta de 2026 y proyecta un faltante de 1,8 millones bpd durante el tercer trimestre.
Déficit mundial de petróleo ante restricciones de suministro en Ormuz

El déficit mundial de petróleo se profundiza en 2026 incluso mientras el consumo pierde fuerza. La Agencia Internacional de Energía (IEA) redujo nuevamente su previsión de suministro y ahora estima que la oferta global caerá 4,3 millones de barriles diarios (bpd) este año, alrededor de 4 %, hasta situarse en 102,02 millones de bpd.

La revisión supone un deterioro frente al informe de julio, cuando la agencia proyectaba una reducción de 3,7 millones de bpd. Bajo las nuevas estimaciones, la oferta quedaría aproximadamente 1,27 millones de bpd por debajo de la demanda durante 2026, ampliando un desequilibrio que anteriormente se situaba alrededor de 860.000 bpd.

El dato resulta especialmente significativo porque ocurre mientras la propia IEA espera que la demanda mundial se contraiga 1,6 millones de bpd. El mercado, por tanto, enfrenta una situación poco habitual: el consumo está retrocediendo, pero el suministro disminuye todavía con mayor intensidad.

Las restricciones en el estrecho de Ormuz, los problemas de navegación en Bab el-Mandeb, las menores exportaciones de CPC Blend y las interrupciones asociadas al conflicto están reduciendo la capacidad del sistema petrolero para trasladar suficientes barriles hacia los centros de consumo.

Déficit mundial de petróleo alcanzaría 1,8 millones de bpd en el tercer trimestre

La mayor presión se concentra actualmente entre julio y septiembre. La IEA proyecta un déficit de 1,8 millones de bpd durante el tercer trimestre de 2026, una revisión de aproximadamente 1 millón de bpd frente a su estimación de julio. De materializarse, sería el déficit trimestral más profundo desde el cuarto trimestre de 2021.

Oriente Medio continúa siendo determinante. Las cargas petroleras de la región habían logrado recuperarse hasta aproximadamente 20 millones de bpd a comienzos de julio, cerca de los niveles anteriores a las disrupciones de Ormuz. Sin embargo, posteriormente volvieron a caer hasta unos 12 millones de bpd.

La producción regional también permaneció 8,3 millones de bpd por debajo de los niveles previos a la guerra durante julio. Aunque representa una recuperación frente a la pérdida máxima de aproximadamente 14 millones de bpd registrada durante el punto más crítico de la crisis, todavía deja fuera del mercado un volumen considerable.

El problema, por tanto, no depende únicamente de cuánto petróleo existe bajo tierra o de la capacidad nominal de producción. También depende de cuánto puede producirse, cargarse y transportarse efectivamente hasta los compradores.

¿Cómo puede faltar petróleo si la demanda mundial está cayendo?

Esta aparente contradicción es uno de los aspectos más importantes del nuevo escenario. La IEA espera que el consumo mundial de petróleo se reduzca 1,6 millones de bpd durante 2026, una caída considerablemente mayor que el descenso de aproximadamente 1 millón de bpd contemplado en su informe anterior.

En condiciones normales, una reducción de la demanda podría aliviar un mercado ajustado. Pero la magnitud del deterioro de la oferta cambia la ecuación. Si el suministro disminuye más rápidamente que el consumo, el balance puede permanecer deficitario aunque la economía mundial utilice menos petróleo. Eso es precisamente lo que muestran las actuales proyecciones de la IEA.

Además, una parte de la caída del consumo está relacionada con las propias restricciones energéticas. La menor disponibilidad de combustibles refinados y los precios elevados están afectando la demanda, particularmente de nafta y gasóleo, mientras Asia y Oriente Medio concentran una parte importante de las reducciones interanuales.

Esto introduce una distinción relevante: una parte de la debilidad de la demanda no necesariamente responde a una abundancia de petróleo, sino a un mercado donde determinados consumidores y refinerías enfrentan mayores dificultades para acceder a crudo y productos.

La divergencia entre organismos también refleja la incertidumbre existente. Mientras la IEA proyecta una contracción del consumo de 1,6 millones de bpd, OPEC todavía prevé que la demanda mundial crezca 580.000 bpd en 2026, aunque también redujo su estimación.

La crisis ya no afecta únicamente al suministro de crudo

El impacto se está extendiendo hacia la refinación. El procesamiento mundial de petróleo en refinerías cayó aproximadamente 5 millones de bpd interanuales durante julio, debido a que la capacidad disponible en otras regiones no consiguió compensar completamente los cuellos de botella del sistema.

Rusia constituye uno de los casos más significativos. Sus refinerías procesaron alrededor de 3,9 millones de bpd en julio, cerca de mínimos de dos décadas, después de que ataques con drones afectaran numerosas instalaciones situadas al oeste de los Urales.

La consecuencia es importante para entender el mercado actual: disponer de crudo no garantiza automáticamente disponer de diésel, gasolina, combustible de aviación o nafta.

Cuando disminuye simultáneamente la capacidad efectiva para producir y transportar combustibles, los mercados de productos pueden ajustarse incluso más que el propio mercado de crudo. La IEA relaciona precisamente estos cuellos de botella con los márgenes de refinación excepcionalmente elevados observados actualmente.

Los inventarios están absorbiendo parte del déficit

Otra variable comienza a adquirir mayor relevancia: los inventarios de petróleo. Desde el inicio de la guerra con Irán se han registrado aproximadamente 410 millones de barriles de reducciones acumuladas de existencias, según la IEA. Esos inventarios han funcionado como un amortiguador entre la producción disponible y las necesidades del mercado.

Pero utilizar inventarios para cubrir un déficit no equivale a recuperar capacidad de suministro. Mientras continúe existiendo una diferencia entre los barriles que el mercado necesita y los que el sistema puede entregar, las existencias funcionan como una reserva temporal. Cuanto más prolongado sea el desequilibrio, mayor importancia adquieren tanto el volumen disponible como la capacidad logística para movilizarlo.

El problema es particularmente relevante en combustibles. Los inventarios mundiales de diésel y combustible de aviación se encuentran actualmente en la parte inferior de su rango de los últimos cinco años, en un contexto donde las interrupciones en refinerías de Oriente Medio y Rusia han reducido la disponibilidad de productos.

¿Puede el mercado pasar del déficit al superávit en 2027?

La perspectiva cambia radicalmente cuando la IEA mira hacia el próximo año. La agencia proyecta que en 2027 la oferta mundial podría superar la demanda en 4,61 millones de bpd, suficiente para comenzar a reconstruir los inventarios y potencialmente devolverlos hacia mediados del próximo año a niveles similares a los existentes en febrero de 2026.

Sin embargo, esa proyección contiene una condición fundamental: supone una desescalada de las hostilidades durante los próximos meses.

Por ello, el eventual superávit no debe interpretarse como un resultado asegurado. Dependerá de la recuperación de producción, normalización de rutas marítimas, disponibilidad de capacidad de refinación y evolución real del consumo.

La diferencia entre ambos escenarios es considerable. El mercado puede pasar de un déficit trimestral de 1,8 millones de bpd en 2026 a una capacidad excedentaria superior a 4 millones de bpd en 2027 si se recuperan los flujos actualmente interrumpidos.

Eso demuestra hasta qué punto el balance petrolero actual está condicionado por restricciones físicas y geopolíticas.

El déficit mundial de petróleo de 2026 no responde simplemente a un crecimiento extraordinario del consumo. De hecho, la IEA espera exactamente lo contrario. El problema está en que la oferta está retrocediendo con mayor rapidez y que parte de la infraestructura necesaria para producir, refinar y transportar energía continúa sometida a fuertes restricciones.

Mientras Ormuz y otras rutas críticas no recuperen una operación suficientemente estable, el mercado tendrá que seguir compensando mediante inventarios, rutas alternativas y ajustes de demanda los barriles que actualmente no consiguen llegar hasta sus consumidores.

Fuentes: Energy Now

Escrito por
Autor Verificado

Ingeniero Mecánico con más de 30 años de experiencia en inspección y gestión. Actualmente, es Director de Operaciones de INSPENET.