Rutas alternativas a Ormuz para petróleo y gas

Las rutas alternativas a Ormuz permiten desvíos parciales, pero no reemplazan el flujo energético clave del Golfo.
Rutas alternativas a Ormuz para petróleo y gas

La interrupción del tránsito marítimo por el estrecho de Ormuz ha vuelto a poner bajo presión al sistema energético de Oriente Medio. Aunque la región dispone de algunas infraestructuras para desviar parte de sus exportaciones de crudo y gas, la capacidad real de esas rutas sigue siendo limitada frente al volumen que normalmente cruza ese paso estratégico.

Además, el cierre operativo de Ormuz deja a la vista un problema de fondo: los oleoductos existentes ayudan a aliviar la presión, pero no reemplazan por completo el principal corredor energético del Golfo. El resultado es una cadena logística más frágil, mayores costos de transporte y una presión adicional sobre los precios internacionales.

Rutas alternativas a Ormuz: capacidad y límites

En primer lugar, Arabia Saudita mantiene la alternativa más robusta de la región con su oleoducto Este-Oeste. Esta infraestructura conecta los campos del este del país con el puerto de Yanbu, en el mar Rojo, y puede movilizar hasta 7 millones de barriles diarios, aunque la capacidad efectiva de exportación es menor por la disponibilidad de terminales y buques.

Desde Yanbu, los cargamentos pueden dirigirse a Europa a través del canal de Suez o bajar hacia Asia por Bab el-Mandeb. Sin embargo, esta salida tampoco está libre de riesgos. La inseguridad en el mar Rojo y los ataques a buques en esa zona muestran que cambiar de ruta no elimina el problema, sino que lo traslada a otro corredor sensible.

Emiratos Árabes Unidos gana margen fuera del estrecho

Por otra parte, Emiratos Árabes Unidos cuenta con una ventaja geográfica concreta gracias al oleoducto Habshan-Fujairah. Operado por ADNOC, este sistema lleva crudo desde Abu Dhabi hasta Fujairah, en el golfo de Omán, lo que permite cargar petróleo fuera del estrecho de Ormuz.

Así, el país logra mantener una vía de exportación alternativa con una capacidad estimada entre 1,5 y 1,8 millones de barriles diarios. Aun así, esa ruta tampoco resuelve por completo la exposición regional. Fujairah ha ganado peso como centro de almacenamiento y abastecimiento marítimo, pero su capacidad sigue siendo reducida frente al volumen total del Golfo y además ha sufrido afectaciones de seguridad.

Irak diversifica con varias salidas pero de menor escala

Mientras tanto, Irak depende de opciones más fragmentadas. El oleoducto Kirkuk-Ceyhan, que conecta el norte iraquí con el puerto turco de Ceyhan, vuelve a ser una válvula de alivio para parte de las exportaciones. Su reactivación permite mover barriles hacia el Mediterráneo, aunque el volumen disponible continúa siendo modesto frente al total exportable del país.

De forma paralela, Bagdad estudia o reactiva otras salidas por tierra y proyectos de conexión con Jordania y Omán. El problema es que muchas de estas propuestas avanzan con lentitud por costos, seguridad y dificultades políticas. En consecuencia, Irak dispone de alternativas parciales, pero ninguna cambia de manera sustancial su dependencia del Golfo.

Irán dispone de Jask pero aún con margen limitado

En el caso iraní, la terminal de Jask y el oleoducto Goreh-Jask representan la apuesta más clara para evitar Ormuz. La infraestructura fue concebida para mover alrededor de 1 millón de barriles diarios hacia el golfo de Omán, abriendo una salida directa al exterior.

No obstante, su desarrollo todavía no permite compensar un corte prolongado del estrecho. Las pruebas realizadas muestran avance, pero la terminal sigue sin ofrecer toda la funcionalidad necesaria para absorber una interrupción de gran escala en el comercio energético regional.

Los proyectos futuros siguen lejos de ofrecer una solución rapida

Además de las rutas ya operativas, en la mesa aparecen propuestas como un oleoducto entre Irak y Omán, otro entre Irak y Jordania y hasta la idea de un canal que conecte el Golfo con el mar de Omán. Sobre el papel, estos proyectos ampliarían la resiliencia logística de Oriente Medio.

Sin embargo, su ejecución requeriría años de desarrollo, miles de millones de dólares y acuerdos políticos complejos. Por eso, hoy siguen siendo opciones de largo plazo y no respuestas reales para una interrupción inmediata del tráfico por Ormuz.

Ormuz sigue siendo el punto clave del sistema energético

En definitiva, la red regional sí permite redirigir parte del petróleo y del gas, pero no sustituir el volumen que normalmente atraviesa el estrecho. Arabia Saudita y Emiratos ofrecen las salidas más útiles, Irak suma rutas complementarias e Irán avanza con una opción propia, aunque ninguna de ellas alcanza por sí sola la escala del corredor afectado.

Así mismo, la crisis confirma que el problema no es la ausencia total de alternativas, sino la falta de capacidad suficiente para reemplazar un cuello de botella por el que circula una parte decisiva del suministro mundial. Mientras esa brecha persista, cualquier interrupción en Ormuz seguirá repercutiendo sobre la seguridad energética y sobre los precios globales.

Fuente: Reuters

Foto: Shutterstock