Repsol prepara un aumento de entre 15% y 20% en la producción de combustible para aviones en sus cinco refinerías de España, una decisión orientada a compensar las interrupciones del suministro mundial de productos refinados asociadas al conflicto en Oriente Medio y a la presión sobre el mercado del queroseno de aviación.
Además, la compañía busca aprovechar la mejora de los márgenes de refinación, que en España superaron el doble frente al año anterior y alcanzaron 10,9 dólares por barril. Este entorno favoreció sus resultados del primer trimestre, aunque el beneficio neto ajustado de 873 millones de euros quedó ligeramente por debajo de las previsiones internas de 897 millones de euros.
Más combustible para aviones para sostener la demanda aérea
En este contexto, Repsol enfocará parte de su capacidad industrial en elevar la producción de queroseno de aviación, un producto clave para el transporte aéreo y el turismo durante los meses de mayor demanda. La empresa considera que su sistema integrado de refino le permite adaptar la producción a los cambios del mercado con mayor agilidad.
Así mismo, la multinacional energética española ha destinado 1.200 millones de euros en el trimestre a reforzar sus inventarios de crudo y asegurar la disponibilidad de materias primas. Esta estrategia busca dar mayor estabilidad operativa a sus complejos industriales en un escenario de precios volátiles y menor visibilidad para el suministro internacional.
Refino flexible en España
Por su parte, el negocio downstream de Repsol vuelve a ocupar un lugar central en la estrategia energética de la empresa. Sus cinco refinerías españolas funcionan de forma coordinada y están diseñadas para procesar distintos tipos de crudo, lo que facilita la obtención de diésel, gasolina y combustible de aviación según las necesidades del mercado.
Además, la presión sobre la capacidad europea de refino aumenta el valor estratégico de estos activos. Desde 2009 han cerrado 35 refinerías en Europa, una reducción cercana al 20% de la capacidad regional. En ese escenario, la flexibilidad para transformar crudos de diferentes orígenes en productos refinados gana peso para la seguridad energética.
Venezuela vuelve al mapa de suministro
Mientras tanto, Repsol espera recibir esta semana una carga de crudo procedente de Venezuela como pago por producción, con nuevos envíos previstos. La compañía mantiene presencia histórica en el país y prevé incrementar su producción bruta de crudo allí en un 50% durante los próximos 12 meses, siempre que se mantengan las condiciones operativas y regulatorias.
También proyecta una producción global de entre 560.000 y 570.000 barriles de petróleo equivalente diarios en 2026. Esa cifra podría aumentar si mejora el contexto en Venezuela, donde la empresa ha firmado acuerdos estratégicos vinculados a gas natural, petróleo y mecanismos de pago con crudo.
Resultados impulsados por márgenes de refinación
Por otro lado, el EBITDA ajustado de Repsol aumentó 110% hasta 2.610 millones de euros en el trimestre. La volatilidad del Brent, que promedió alrededor de 78,38 dólares por barril frente a 74,98 dólares del año anterior, reforzó el valor de los inventarios y favoreció el desempeño de las compañías energéticas europeas.
Sin embargo, los analistas señalaron efectos de retraso en precios dentro del negocio downstream, lo que explica parte de la diferencia entre el beneficio neto ajustado reportado y la previsión de la propia compañía. Las acciones de Repsol subieron 1,9% durante la sesión, por encima del avance del índice energético europeo.
Descuentos y gestión de la volatilidad
A la vez, Repsol ha aplicado descuentos por 35 millones de euros en sus más de 3.300 estaciones de servicio en España para mitigar el impacto de la volatilidad de los combustibles en sus clientes. La medida se suma a la gestión de inventarios y al refuerzo del refino como parte de una respuesta comercial e industrial ante la incertidumbre energética.
Con este movimiento, la empresa intenta combinar rentabilidad, continuidad de suministro y capacidad técnica en un mercado donde el combustible para aviones vuelve a ser un producto crítico para la movilidad, la actividad turística y la cadena energética europea.
Fuente: Repsol
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