Airbus y MTU Aero Engines preparan la creación de una empresa conjunta centrada en el desarrollo de un sistema de propulsión totalmente eléctrico. La tecnología obtendrá energía mediante una pila de combustible de hidrógeno y estará destinada a futuros aviones comerciales.
La nueva entidad se ocupará del diseño, las pruebas, la certificación y la comercialización del sistema. Con esta estructura, ambas compañías esperan acelerar el paso desde la investigación técnica hasta una solución apta para su uso en aeronaves.
Según los planes anunciados, la empresa podría comenzar sus operaciones en 2027. Antes deberá recibir las autorizaciones regulatorias correspondientes y completar los procesos sociales previstos en Europa.
Previamente, Airbus y MTU firmaron un memorando de entendimiento durante el Salón Aeronáutico de París de junio de 2025. Ese acuerdo estableció una hoja de ruta común para estudiar el desarrollo de motores eléctricos alimentados con hidrógeno.
Ahora, la creación de una compañía especializada representa un paso más concreto. El proyecto reunirá equipos de ingeniería y fabricación de las dos organizaciones bajo una estructura enfocada en un mismo sistema de propulsión.
Airbus aportará su experiencia en programas de aeronaves comerciales, integración de sistemas y almacenamiento de hidrógeno líquido. MTU sumará sus capacidades en motores aeronáuticos, validación, certificación y mantenimiento.
Además, la colaboración permitirá coordinar los trabajos técnicos que ambas empresas ya realizan por separado. La intención es cubrir todo el ciclo de vida del producto, desde las primeras fases de desarrollo hasta su posible entrada al mercado.
El sistema propuesto no quemará hidrógeno dentro de una turbina convencional. En su lugar, utilizará una pila de combustible de hidrógeno para generar electricidad mediante una reacción electroquímica con el oxígeno.
Esa electricidad alimentará uno o varios motores eléctricos encargados de producir el empuje del avión. Durante este proceso, el principal subproducto será vapor de agua.
Por tanto, la tecnología podría evitar las emisiones de dióxido de carbono y óxidos de nitrógeno asociadas a la combustión durante el vuelo. Sin embargo, su impacto ambiental completo dependerá también de cómo se produzca el hidrógeno y de la energía usada en su cadena de suministro.
La propulsión de hidrógeno plantea otros retos técnicos. El combustible debe mantenerse a temperaturas muy bajas y requiere depósitos de mayor volumen que el queroseno. También será necesario adaptar los aeropuertos, los sistemas de abastecimiento y las normas de seguridad.
Durante marzo de 2025, Airbus confirmó que concentraría sus estudios en una arquitectura totalmente eléctrica basada en pilas de combustible. La empresa tomó esa decisión tras evaluar prototipos, sistemas de potencia y tecnologías relacionadas con la criogenia.
Por su parte, MTU ha avanzado con su concepto Flying Fuel Cell. La compañía completó el diseño de su sistema, inició la fabricación de la pila para un demostrador y realizó pruebas de su motor eléctrico eMoSys.
MTU también puso en marcha una celda de pruebas en Múnich. Estos trabajos servirán para estudiar el comportamiento de los componentes antes de integrarlos en una plataforma aérea.
La alianza busca combinar esos avances con la experiencia de Airbus en el desarrollo de aviones. De este modo, el proyecto podrá abordar al mismo tiempo el rendimiento del motor y su integración dentro de una aeronave comercial.
Además del trabajo técnico, Airbus y MTU pretenden apoyar la creación de una economía aeronáutica basada en el hidrógeno. Para ello será necesario desarrollar infraestructura de producción, transporte, almacenamiento y suministro en los aeropuertos.
También deberá surgir un marco regulatorio que defina los requisitos de certificación y operación. Estas normas tendrán que cubrir aspectos como el almacenamiento criogénico, la gestión del combustible y la respuesta ante posibles fallos.
La empresa conjunta podría reforzar la capacidad industrial europea en sistemas de propulsión de bajas emisiones. Al reunir conocimientos de fabricantes de aviones y motores, el proyecto busca reducir los tiempos de desarrollo y facilitar una futura producción a escala.
Aun así, la llegada de aviones comerciales con esta tecnología dependerá de las pruebas, los costes, la disponibilidad de hidrógeno con bajas emisiones y la adaptación de la infraestructura aeroportuaria.
Durante los próximos meses, Airbus y MTU deberán definir la estructura legal y operativa de la nueva empresa. También tendrán que cerrar los acuerdos sobre recursos, propiedad tecnológica y participación de los equipos.
Después, la entidad podrá avanzar con el diseño completo del motor de hidrógeno y preparar los programas de prueba. La certificación será una de las etapas más exigentes debido a los estrictos requisitos de seguridad de la aviación comercial.
Si obtiene las autorizaciones previstas, la compañía comenzará a trabajar en 2027. Su objetivo será convertir la pila de combustible de hidrógeno en una alternativa viable para futuros aviones y abrir una nueva ruta para reducir el impacto climático del transporte aéreo.

Montana Renewables colaboró con Gulfstream Aerospace como proveedor exclusivo del combustible utilizado en una campaña de pruebas de bajas emisiones realizada con el avión ejecutivo G800. Para el ensayo suministró MaxSAF® mientras que la Universidad Estatal de Washington analizó las propiedades del combustible antes del vuelo. El objetivo fue evaluar cómo distintos tipos de combustible afectan las emisiones generadas durante la operación de la aeronave.
Las pruebas permitieron a Gulfstream completar una campaña de vuelos a gran altitud de hasta 50 mil pies para comparar combustible Jet-A convencional, Jet-A con bajo contenido de azufre y combustible de aviación sostenible (SAF) HEFA al 100%. Los resultados preliminares indican una reducción clara de las partículas que favorecen la formación de estelas de condensación cuando se utiliza SAF puro. Montana Renewables afirmó que trabaja para ampliar su capacidad de producción y responder al crecimiento de la demanda del sector.
Eni Storage Systems inició la construcción de un complejo industrial en Brindisi dedicado a la fabricación de baterías de fosfato de hierro y litio para sistemas de almacenamiento de energía. El proyecto contempla la producción de celdas, módulos y el ensamblaje de sistemas BESS, una tecnología que permite almacenar la electricidad generada por fuentes renovables para utilizarla cuando la demanda aumenta o la producción disminuye.
La iniciativa se desarrollará en dos etapas e incluirá también la fabricación de materiales para cátodos y el reciclaje de baterías. La meta es alcanzar una capacidad conjunta de 16 GWh anuales entre las plantas de Brindisi y Teverola para 2030, con una participación superior al 10 % del mercado europeo de almacenamiento energético. La empresa sostiene que el proyecto fortalecerá la cadena de suministro local y contribuirá a generar empleo mientras reduce la dependencia de proveedores fuera de Europa.
Bahri Logistics firmó un acuerdo con Grandweld Shipyard para construir dos buques de apoyo destinados a operaciones en alta mar. Las embarcaciones estarán diseñadas para atender las necesidades del puerto de Ras Tanura, uno de los principales centros energéticos de Arabia Saudita. Su incorporación permitirá reforzar los servicios logísticos que la compañía presta a clientes de los sectores energético e industrial.
Los nuevos buques contarán con tecnología avanzada de navegación, comunicación y seguridad para operar en condiciones exigentes. También podrán realizar tareas como traslado de tripulaciones, respuesta a emergencias, apoyo en mantenimiento e inspecciones y gestión de trámites marítimos. La entrega está prevista para agosto de 2026 y forma parte del plan de Bahri para modernizar su flota con embarcaciones más eficientes y con menor impacto ambiental.
Petrobras completó la adquisición de una participación mayoritaria en el Bloque 3 de exploración ubicado frente a la costa de Santo Tomé y Príncipe. Con el cierre de la operación, la empresa brasileña asumió el papel de operador del activo con el 75 % de participación, mientras que Oranto conservará el 15 % y la Agencia Nacional de Petróleo de Santo Tomé y Príncipe mantendrá el 10 % restante.
La incorporación del bloque forma parte de la estrategia de Petrobras para ampliar su cartera de exploración dentro y fuera de Brasil. En esta nueva etapa, el consorcio avanzará con estudios geológicos y programas exploratorios para evaluar el potencial de petróleo y gas del área. La compañía busca fortalecer el reemplazo de reservas y ampliar su portafolio de activos en regiones offshore consideradas de interés para su crecimiento.