Las metas de biocombustibles en EE.UU. fijadas por la administración Trump para 2026 enfrentan un obstáculo de origen industrial: las plantas estadounidenses de diésel renovable y combustible sostenible para aviación (SAF) operan significativamente por debajo de la capacidad que la Agencia de Protección Ambiental (EPA) supuso al establecer los objetivos del Renewable Fuel Standard (RFS). Según datos del sector citados por Reuters, las instalaciones de biodiésel operaron al 77% de su capacidad en mayo, y las plantas de diésel renovable al 78%, frente al 90% asumido por la EPA en sus proyecciones.
El resultado para las metas de biocombustibles en EE.UU. es una brecha creciente entre la demanda de créditos regulatorios (RIN) y la capacidad de producción real. En mayo, las refinerías generaron 736 millones de RINs, frente a los 915 millones mensuales que se necesitarían para cumplir el mandato anual de 8.860 millones de RINs establecido por la EPA, equivalente a 5.400 millones de galones de biodiésel y diésel renovable.
Metas de biocombustibles en EE.UU.: por qué las plantas no alcanzan el ritmo
Los factores que explican el rezago son múltiples y se refuerzan entre sí. El primero es la incertidumbre regulatoria: durante meses, los productores retuvieron parte de su producción a la espera de que el gobierno Trump definiera las reglas del crédito fiscal 45Z para combustibles limpios (clean fuel production tax credit). La falta de orientación sobre los requisitos de uso de suelo y la elegibilidad de distintas materias primas generó un período de parálisis en decisiones de operación y expansión.
El segundo factor es la disrupción de precios derivada del conflicto con Irán. El alza en los precios del petróleo convencional mejoró los márgenes de las refinerías convencionales, reduciendo el incentivo relativo de producir combustibles renovables. Parte de la producción de diésel renovable fue además orientada a contratos de exportación que ofrecían mejores precios, pero cuyos volúmenes no generan RINs que cuenten hacia el cumplimiento del mandato federal.
El tercer elemento es el agotamiento progresivo del banco de RINs acumulados. Este inventario de créditos no utilizados actúa como colchón que permite a las refinerías cubrir períodos de baja producción. Su depleción sostenida durante 2026 reduce el margen de tolerancia del sistema y aumenta la presión sobre los productores para incrementar el ritmo de generación de créditos antes del cierre del año.
Desafíos técnicos en biorrefinerías: comisionamiento y operación
Más allá del contexto regulatorio y de precios, el rezago también tiene causas de orden técnico e industrial. Las plantas de diésel renovable y SAF son instalaciones de alta complejidad que integran procesos de hidrotratamiento, pretratamiento de materias primas, gestión de hidrógeno y control de catalizadores. Su puesta en marcha comercial a plena capacidad enfrenta desafíos de integridad de activos propios de cualquier proceso químico nuevo: fouling en intercambiadores, desgaste acelerado de catalizadores, ajustes en la gestión de materias primas con alta variabilidad de composición y problemas de compatibilidad entre equipos de proceso.
La disponibilidad limitada de materias primas de bajo carbono —aceites vegetales usados, grasas animales, aceites de cocina reciclados— introduce una restricción adicional sobre la capacidad de producción. Estos insumos tienen cadenas de suministro más fragmentadas y menos predecibles que las materias primas convencionales del refino, lo que genera variabilidad en los planes de producción y complica la optimización operacional de las plantas.
Para las empresas de confiabilidad operacional e ingeniería de procesos, el escenario actual en las biorrefinerías estadounidenses representa un campo de acción relevante: la optimización de tasas de utilización, la mejora en programas de mantenimiento preventivo y la gestión de la variabilidad en feedstocks son áreas donde la intervención técnica puede traducirse directamente en incrementos de producción y cumplimiento regulatorio.
Impacto en refinación, CAPEX y transición energética
Las grandes refinerías estadounidenses que habían anunciado reconversiones hacia combustibles renovables revisarán sus cronogramas de inversión a la luz de esta coyuntura. El retorno sobre el CAPEX invertido en una nueva unidad de diésel renovable depende directamente de la capacidad de operar a tasas de utilización elevadas: un activo operando al 77-78% frente a un plan de 90% reduce significativamente la recuperación de la inversión y puede llevar a retrasar o cancelar fases adicionales de expansión.
En el segmento de refinación y petroquímica, el mandato RFS también presiona a las refinerías convencionales que no producen combustibles renovables propios: deben adquirir RINs en el mercado secundario para cumplir su obligación regulatoria. Si el banco de créditos se agota antes del cierre del año y la producción no acelera, el precio de los RINs podría escalar, elevando los costos de cumplimiento del sector en su conjunto.
En este contexto, las metas de biocombustibles en EE.UU. siguen siendo un objetivo difícil de alcanzar. La EPA ha señalado que evalúa el cumplimiento sobre base anual y que los mecanismos de créditos acumulados están diseñados para absorber fluctuaciones mensuales. Sin embargo, si la brecha entre producción real y meta regulatoria se mantiene durante el segundo semestre, la agencia podría verse presionada a revisar los objetivos de transición energética para 2028, incluyendo cambios en cómo se contabilizan los volúmenes importados de combustibles renovables hacia el cumplimiento de las obligaciones federales.
El panorama actual de las metas de biocombustibles en EE.UU. refleja una tensión estructural entre ambición política y realidad industrial. Mientras el gobierno mantiene sus objetivos, las metas de biocombustibles en EE.UU. solo podrán alcanzarse si el sector amplía su capacidad productiva de manera sostenida.
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