El Nuevo Confinamiento Seguro (NSC) de Chernóbil no es una simple cúpula protectora. Es una obra de ingeniería nuclear diseñada para una vida útil de 100 años, concebida para contener los riesgos radiológicos del reactor destruido en 1986 y sostener su desmantelamiento progresivo durante décadas.
Cuando un dron ruso lo atacó en febrero de 2025, no solo provocó un incendio: inutilizó los sistemas activos que garantizan esa longevidad estructural.
Según el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD), los sistemas clave diseñados para asegurar la vida operativa del NSC han quedado inoperativos. Sin reparaciones, la estructura principal de acero enfrenta un riesgo significativo de deterioro acelerado y corrosión.
No se trata de daño cosmético: es la degradación de los mecanismos que mantienen el confinamiento radiológico activo y permiten que los trabajadores operen en el interior para el desmantelamiento.
El doble mandato del NSC: contención y desmantelamiento
El NSC cumple dos funciones simultáneas que resultan inseparables. La primera es el confinamiento radiológico: aislar del entorno exterior los materiales contaminados que permanecen dentro del viejo sarcófago construido de emergencia en 1986.
La segunda es operacional: proporcionar la infraestructura técnica; grúas, sistemas de ventilación, monitoreo ambiental y control de humedad; que permite avanzar en el desmantelamiento a largo plazo del reactor destruido.
El ataque ruso afectó severamente ambas funciones. La pérdida de los sistemas activos de ventilación y control de humedad no solo compromete la integridad del acero estructural: también impide las condiciones mínimas de seguridad para que el personal técnico acceda al interior.
BERD: tres décadas de liderazgo nuclear en juego
El BERD lleva gestionando la seguridad nuclear de Chernóbil desde 1995. En ese periodo ha movilizado más de 2.500 millones de euros en contribuciones internacionales, principalmente del G7, y ha aportado más de 700 millones de euros de sus propios recursos en proyectos de seguridad y desmantelamiento.
En la actualidad, el BERD administra la Cuenta Internacional de Cooperación de Chernóbil (ICCA), creada en 2021 como fondo de seguimiento para financiar la reducción de riesgos en el emplazamiento. El ICCA cubre el desmantelamiento progresivo, la estabilización estructural, las mejoras de seguridad, el monitoreo continuo y las respuestas de emergencia.
Sin embargo, su dotación actual es de apenas 70 millones de euros; incluyendo contribuciones recientes de Francia, el Reino Unido y la Unión Europea, una cifra muy inferior a los 500 millones que requieren las reparaciones del NSC.
Odile Renaud-Basso, presidenta del BERD
La presidenta del BERD, Odile Renaud-Basso, cuantificó el daño en al menos 500 millones de euros en reparaciones necesarias. Su llamamiento se produjo en vísperas del 40.º aniversario del accidente nuclear soviético, un momento de alta visibilidad internacional que el BERD aprovechó para urgir una respuesta coordinada de la comunidad global antes de que el deterioro estructural avance sin freno.
Fuente: https://www.ebrd.com/
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