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Baterías de flujo sin litio para el almacenamiento energético de larga duración

Las baterías de flujo sin litio, en particular las de vanadio, hierro-cromo y electrolitos orgánicos acuosos, responden exactamente a esa exigencia.
Baterías de flujo sin litio para el almacenamiento energético de larga duración.

Las baterías de flujo sin litio, en particular las de vanadio, hierro-cromo y electrolitos orgánicos acuosos, responden a la necesidad de almacenar gigavatios-hora durante 8, 12 o incluso 100 horas sin que el ciclo de vida del sistema se degrade ni el riesgo de incendio escalar con él. No compiten con las de iones de litio y operan en una categoría técnica distinta, diseñada para el almacenamiento estacionario de larga duración (LDES, por sus siglas en inglés).

El almacenamiento estacionario de energía es el punto de congestión del proceso que determina si la transición energética global se completará dentro de los plazos comprometidos ante el Acuerdo de París.

¿Cómo funcionan las baterías de flujo?

A diferencia de las baterías convencionales, en las que la energía y la potencia están físicamente integradas en la misma celda sólida, una batería de flujo separa radicalmente ambas funciones.

La potencia se determina por el stack electroquímico, el conjunto de celdas en el que tienen lugar las reacciones redox, mientras que la capacidad energética depende exclusivamente del volumen de electrolito almacenado en dos depósitos externos. A continuación se presenta una imagen representativa del funcionamiento de estos prototipos.

Baterías de flujo, representación esquemática.
Baterías de flujo, representación esquemática.

El ciclo de carga y descarga es rigurosamente reversible. Durante la carga, un convertidor de potencia externo impulsa electrones a través del circuito externo, forzando a los iones activos del electrolito a oxidarse o reducirse según el semielecuador de cada compartimento.

Durante la descarga, el flujo se invierte: los iones retoman su estado de equilibrio liberando electrones que circulan por el circuito externo como corriente útil.

Una membrana de intercambio iónico, habitualmente de ácido perfluorosulfónico del tipo Nafion o, en sistemas más modernos, de SPEEK sulfonado reforzado con nitruro de boro hidroxilado, separa los dos semi compartimentos, permitiendo el paso de protones, pero bloqueando la mezcla de los electrolitos activos.

Los electrolitos circulan de forma continua mediante bombas de baja presión, lo que añade un pequeño consumo parasítico (típicamente del 2–5 % del rendimiento del sistema) pero garantiza la homogeneidad química del fluido, elimina la estratificación de concentraciones y permite controlar la temperatura del sistema con precisión.

Este control térmico activo es una ventaja diferencial frente a las celdas sólidas: modelos dinámicos no-isotérmicos publicados en 2025 han demostrado que sistemas de vanadio bien gestionados mantienen su rendimiento dentro del rango de 5–40 °C sin degradación acelerada.

Arquitectura del stack (pila)

Electrodos de carbono y placas bipolares

La pila es la parte esencial del sistema. Está formado por celdas individuales apiladas en serie, donde cada celda consiste en un electrodo poroso de carbono, generalmente fieltro de carbono o carbono grafito tratado térmicamente, sobre el que tienen lugar las reacciones de transferencia electrónica, un colector de corriente (placas bipolares) de grafito o compuesto polímero-grafito, y la membrana de intercambio iónico.

Componentes principales de las baterías.
Componentes principales de las baterías. Componentes principales de las baterías.

El diseño del campo de flujo (serpentino, entrelazado o paralelo) dentro de las placas bipolares determina la distribución del electrolito sobre la superficie del electrodo, y con ello la densidad de corriente operacional del sistema.

En la siguiente imagen se muestra una imagen representativa de una estación de baterías de flujo.

Estación de baterías de flujo.
Estación de baterías de flujo.

Ventajas del almacenamiento independiente del litio

La vida útil es el argumento técnico más poderoso de las baterías de flujo. Un sistema de vanadio bien diseñado puede superar los 20.000 ciclos de carga-descarga con degradación mínima, equivalente a más de 20 años de operación diaria.

La razón es estructural: las reacciones redox ocurren en el electrolito líquido, no en los electrodos sólidos, de modo que no existe el fenómeno de intercalación y des-intercalación de iones en una red cristalina que provoca la fatiga mecánica de los electrodos en las celdas de ión litio.

El stack puede degradarse por otros mecanismos (contaminación de la membrana, corrosión de los electrodos de carbono), pero el electrolito en sí permanece activo indefinidamente.

La circularidad de materiales es otro diferenciador crítico. Sumitomo Electric ha documentado una tasa de reciclabilidad del 99,2 % para sus sistemas de VRFB: el 70 % del electrolito se reutiliza directamente y el 29,2 % de los componentes estructurales se recicla, dejando apenas el 0,8 % del sistema como residuo no recuperable.

Este perfil contrasta drásticamente con la cadena de valor del litio, donde las dificultades técnicas y económicas del reciclaje a escala quedaron expuestas en enero de 2025 cuando Li-Cycle, uno de los mayores recicladores de ión litio de Norteamérica, solicitó protección por bancarrota en Canadá y Estados Unidos, citando sobrecostes de ingeniería en su planta de Rochester.

La ausencia de riesgo de runaway térmico merece un tratamiento técnico específico. En las celdas de ión litio, la fuga térmica puede iniciarse por cortocircuito interno, sobrecarga o daño mecánico y escalar a temperaturas superiores a 700–900 °C con liberación de gases inflamables.

Las baterías de flujo acuosas son incombustibles por definición: sus electrolitos son soluciones acuosas con vanadio, iones de hierro o moléculas orgánicas disueltas en agua. No existe mecanismo fisicoquímico que desencadene una combustión auto-catalítica.

Aplicaciones de las baterías de flujo en el sector eléctrico

El proyecto de referencia que valida la escala de la tecnología es la instalación Jimusar de China, completada en diciembre de 2025: un sistema de vanadio de 200 MW / 1 GWh acoplado a una planta fotovoltaica de 1 GW.

Es el mayor sistema de almacenamiento por batería de flujo del mundo y funciona como testbed a escala industrial para validar la viabilidad económica de la tecnología ante analistas e inversores. Simultáneamente, Australia desarrolla el Copwood VFB Energy Hub, que con 50 MW / 500 MWh se convertirá en el mayor proyecto de VRFB fuera de China cuando entre en operación.

Estos proyectos no son hitos aislados: en 2025, doce proyectos de gran escala de vanadio se conectaron a la red en China, consolidando un ecosistema de suministro de electrolito, fabricación de stacks y operación de sistemas que hasta hace cuatro años era experimental.

Para los ingenieros de red, la relevancia práctica es inmediata: los sistemas de flujo pueden proveer servicios de arbitraje energético (almacenar excedentes solares al mediodía y descargarlos en la hora punta nocturna), regulación de frecuencia en modo stand-by y soporte de tensión reactiva, todo ello dentro del mismo activo físico.

Desafíos vs. otras tecnologías de almacenamiento

Eficiencia de ciclo completo: La brecha con el litio

La eficiencia de ciclo completo, RTE, round-trip efficiency; es el parámetro donde las baterías de flujo enfrentan su mayor desafío frente al ión litio. Los sistemas de vanadio comerciales operan entre el 70 y el 85 % de RTE, mientras que las celdas de ión litio alcanzan el 90–95 %.

La diferencia tiene dos orígenes: la energía consumida por las bombas de circulación de electrolito (consumo parasítico) y las pérdidas internas en la membrana (resistencia iómica y crossover). En sistemas a alta densidad de corriente (≥100 mA/cm²), las pérdidas óhmicas se amplifican; en sistemas a baja densidad de corriente, el stack es más grande y más caro.

La investigación en membranas avanzadas está abordando este problema desde la química de materiales.

En 2025, el equipo de ACS Energy & Fuels publicó resultados de membranas híbridas SPEEK/nitruro de carbono grafítico sulfonado (S/SGN) que alcanzan una eficiencia energética del 86,2 % a 60 mA/cm² y mantienen la estabilidad durante 500 ciclos; superando al Nafion 212 de referencia (82,2 %) con un tiempo de autodescarga de 91,2 horas frente a las 23,2 horas del Nafion. Son resultados de laboratorio, pero marcan la trayectoria de la convergencia tecnológica.

Comparación tecnológica de baterías. Fuente: ACS Energy & Fuels.
Comparación tecnológica de baterías. Fuente: ACS Energy & Fuels.

El gráfico anterior de barras muestra el ranking de RTE por tecnología; es la comparativa directa, la que responde “¿quién gana y por cuánto?” La barra del SPEEK/S-SGN es el dato más significativo: superando al Nafion 212 de referencia y se acerca al umbral del litio, lo que señala exactamente hacia dónde va la tecnología.

Densidad de energía volumétrica estructural

La densidad de energía de los sistemas de flujo es de 20–50 Wh/kg, frente a los 150–250 Wh/kg del ión litio moderno. Este diferencial de 5–10× no es un defecto técnico corregible: es una consecuencia directa del mecanismo de almacenamiento en fase líquida y de los volúmenes de depósito necesarios para alcanzar la capacidad deseada.

Para aplicaciones estacionarias donde el espacio no es el parámetro restrictor; subestaciones de red, instalaciones industriales a nivel del suelo, proyectos de almacenamiento solar en campo abierto, esta limitación es aceptable.

Para aplicaciones móviles o en entornos urbanos de alta densidad, el ión litio sigue siendo la única opción técnicamente viable.

La implicación práctica para el diseñador de sistemas es importante: una instalación de flujo de 10 MWh requiere aproximadamente 200–500 m³ de volumen total de sistema (incluyendo depósitos, stack y auxiliares), mientras que un sistema de litio equivalente ocupa quizás 20–50 m³.

Los proyectos de almacenamiento a gran escala en campo abierto absorben esta diferencia sin problema; los proyectos en entornos urbanos restringidos tendrán que evaluar el trade-off caso por caso.

Hierro-cromo y electrolitos orgánicos: Alternativas al vanadio

El vanadio es la química más madura para baterías de flujo, pero no es la única ni necesariamente la más económica a largo plazo. Las baterías de hierro-cromo (Fe-Cr RFBs) utilizan materiales mucho más abundantes y baratos: el hierro y el cromo son subproductos de la siderurgia global.

Investigadores de UNIST publicaron en agosto de 2025 en Angewandte Chemie International Edition un avance significativo en la prolongación de la vida útil de las celdas Fe-Cr, abordando los dos obstáculos históricos de esta química: la cinética lenta de la reacción Cr³⁺/Cr²⁺ y la reacción secundaria de evolución de hidrógeno (HER) que consume capacidad activa.

Las baterías de flujo redox acuosas orgánicas (AORFBs) son la frontera más activa de la investigación académica en 2025–2026. Utilizan moléculas orgánicas disueltas, quinonas, viológenos, TEMPO y sus derivados, como portadores redox en lugar de metales de transición.

Su atractivo fundamental es la síntesis a partir de biomasa o fuentes petroquímicas abundantes, la posibilidad de diseñar el potencial redox mediante ingeniería molecular y la eliminación completa de metales de transición del electrolito.

Las AORFBs de alta solubilidad han demostrado densidades de energía de 25–45 Wh/L en laboratorio, acercándose al umbral de competitividad comercial. El reto actual es la estabilidad del electrolito orgánico tras miles de ciclos: la degradación molecular, oxidación irreversible, desprotonación o hidrólisis de los portadores redo, limita actualmente la vida de ciclo a 500–2.000 ciclos en sistemas reportados, muy por debajo de los 20.000 ciclos del vanadio.

Tabla comparativa: Baterías de flujo vs. otras tecnologías de almacenamiento

Parámetro     Vanadio (VRFB) Hierro-CromoIón Litio (LFP)
RTE (ciclo completo)70–85 %           65–75 %  90–95 %
Densidad energética20–50 Wh/kg  10–30Wh/kg150–250 Wh/kg
Vida de ciclo>20.000 ciclos >10.000 ciclos   4.000–8.000 ciclos
Riesgo de incendio Nulo (acuoso)    Riesgo de fuga
Escalabilidad energética   Independiente de potencia   Proporcional a módulos
CAPEX típico (2025)  400–800USD/kWh /250–500 USD/kWh*150–300 USD/kWh
Madurez tecnológica TRL 9 (comercial) TRL 6–8  TRL 9 (comercial)

* Proyecciones de costes para sistemas Fe-Cr a escala comercial. Fuentes: Sunhub Energy Storage Comparison 2025; Stryten Energy VRFB Technical Data; Electrical Trader Energy Density Comparison 2026; Sumitomo Electric VRFB Sustainability Report 2025.

Las baterías de flujo en la integración de energías renovables

La intermitencia renovable como problema de ingeniería de red

La integración masiva de generación solar y eólica en la red eléctrica introduce dos fenómenos técnicos que el almacenamiento de larga duración debe resolver: el duck curve y el seasonal mismatch.

El duck curve, la caída abrupta de la demanda neta durante las horas de alta generación solar y su posterior escalada vespertina, puede gestionarse con almacenamiento de 4–8 horas, que es el rango operativo natural de los sistemas de flujo de media escala.

El desfase estacional, el exceso de generación solar en verano frente al déficit en invierno en latitudes medias, requiere almacenamiento de días o semanas, un régimen donde ninguna tecnología electroquímica es actualmente competitiva, pero donde los sistemas de flujo de muy gran escala o hidrógeno verde son los candidatos más plausibles.

La inercia sintética de la red es otro vector donde los sistemas de flujo aportan valor diferencial. La sustitución de generadores síncronos convencionales por renovables reduce la inercia del sistema eléctrico, incrementando la tasa de variación de la frecuencia (ROCOF) ante perturbaciones.

Los inversores de los sistemas de almacenamiento modernos, incluyendo los acoplados a baterías de flujo, pueden programarse para emular la respuesta inercial de un generador síncrono mediante control de inercia virtual (VIC), inyectando o absorbiendo potencia activa en función del ROCOF medido.

Esta capacidad es especialmente relevante en contextos de alta penetración renovable como los de España, Alemania o Australia, donde la estabilidad de frecuencia de la red es un problema operativo crítico y creciente.

Conclusiones

Las baterías de flujo sin litio representan un cambio de paradigma fundamental para el almacenamiento estacionario de larga duración (LDES). Al separar físicamente la potencia (pila o stack) de la capacidad energética (volumen de los tanques de electrolito), esta tecnología ofrece una flexibilidad de diseño y una escalabilidad de costes marginales decrecientes que las celdas sólidas tradicionales de ion-litio no pueden replicar de forma económicamente viable para duraciones de 8 a 100 horas.

A pesar de tener una menor eficiencia de ciclo completo (RTE) y una menor densidad energética volumétrica en comparación con el litio, los sistemas de flujo se consolidan gracias a su degradación casi nula (>20.000 ciclos), su total inmunidad al embalamiento térmico (thermal runaway) y sus tasas de reciclabilidad superiores al 99%. Proyectos comerciales a escala de gigavatios-hora demuestran que son una tecnología madura y lista para estabilizar redes de alta penetración renovable.

Referencias

  1. https://sumitomoelectric.com
  2. https://www.idtechex.com
  3. https://interestingengineering.com

Preguntas Frecuentes (FAQ)

¿Qué son las baterías de flujo sin litio?

Son sistemas de almacenamiento electroquímico estacionario que utilizan electrolitos líquidos; soluciones de iones metálicos como vanadio o hierro-cromo, o moléculas orgánicas en agua, en lugar de electrodos sólidos basados en litio.
La energía se almacena en los depósitos de electrolito y se convierte en electricidad mediante reacciones redox en un stack de celdas electroquímicas. A diferencia del ión litio, son incombustibles, no degradan sus electrodos con el ciclado y permiten escalar la capacidad energética de forma independiente de la potencia instalada.

¿Cómo funcionan las baterías de flujo sin litio?

Dos depósitos externos almacenan electrolitos con iones en diferentes estados de oxidación (por ejemplo, V²⁺/V³⁺ en el anólito y V⁴⁺/V⁵⁺ en el católito para el caso del vanadio). Bombas de baja presión circulan los electrolitos a través de un stack electroquímico donde los iones se oxidan o reducen intercambiando electrones a través del circuito externo, la corriente eléctrica útil y protones a través de una membrana de intercambio iónico que separa los dos semicompartimentos.
El proceso es completamente reversible: invirtiendo la dirección de la corriente externa, el sistema recarga los electrolitos a su estado original.

¿Por qué son adecuadas para el almacenamiento de larga duración?

Porque su arquitectura desacopla la potencia (determinada por el tamaño del stack) de la energía (determinada por el volumen de electrolito). Para almacenar más energía, basta con añadir más electrolito y depósitos más grandes, sin modificar la electrónica de potencia.
Este coste marginal decrece con la escala, haciendo que las baterías de flujo sean económicamente competitivas, en términos de LCO, para duraciones de descarga de 8 horas o más.


¿Cuáles son los beneficios de las baterías de flujo de vanadio?

Los sistemas de vanadio redox (VRFB) ofrecen cinco ventajas técnicas diferenciadas:

1. Vida de ciclo superior a 20.000 ciclos con degradación mínima.
2. Seguridad intrínseca: electrolito acuoso no inflamable con riesgo de runaway térmico nulo.
3. Circularidad de materiales con tasa de reciclabilidad del 99,2 % (Sumitomo Electric).
4. Escalabilidad independiente de potencia y energía, que minimiza el coste de almacenamiento a largo plazo.
5. Capacidad de proveer múltiples servicios de red simultáneamente (arbitraje, regulación de frecuencia, soporte de tensión) sin comprometer la vida útil del sistema.

¿Cuáles son las principales aplicaciones actuales de las baterías de flujo?

Los mercados primarios son: almacenamiento a escala de utilidad acoplado a renovables (solar y eólica), microrredes remotas e insulares, respaldo de energía para instalaciones industriales críticas, y diferimiento de inversiones en infraestructura de red.

Escrito por
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