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La caída de la natalidad podría frenar la demanda mundial de energía

Wood Mackenzie prevé menor consumo energético total pero más demanda eléctrica y de minerales críticos por la automatización.
Caída de la natalidad frenará la demanda global de energía

La caída de las tasas de natalidad podría alterar las previsiones de demanda mundial de energía durante las próximas décadas. Un análisis de Wood Mackenzie señala que el menor crecimiento demográfico debe considerarse un riesgo estructural para el sector.

La consultora estudió el escenario de baja natalidad incluido en las proyecciones de población de las Naciones Unidas. Bajo esa hipótesis, la población mundial alcanzaría un máximo de 8.900 millones de personas en 2053 y después descendería hasta 7.000 millones en 2100.

Esta trayectoria difiere de la proyección central de la ONU, que contempla una población cercana a 10.000 millones de habitantes en 2060. Por ello, una revisión a la baja modificaría los modelos de consumo energético, crecimiento económico e inversión que utiliza la industria.

Caída de la natalidad acerca la fecundidad al nivel de reemplazo

En primer lugar, Wood Mackenzie destaca que la tasa mundial de fecundidad cayó de 2,6 nacimientos por mujer en 2007 a 2,2 en 2025. La cifra se acerca al nivel de reemplazo de 2,1 necesario para mantener estable una población a largo plazo.

La tendencia ya es visible en grandes economías. China registró en 2025 una tasa de 5,6 nacimientos por cada 1.000 habitantes, la menor de su historia reciente. Además, la población del país disminuyó en 3,4 millones de personas durante el último año analizado.

Ese retroceso dejó a China con cerca de 1.400 millones de habitantes. La cifra quedó unos 9,6 millones por debajo de la estimación demográfica realizada por la ONU en 2024.

Peter Martin, responsable de Economía de Wood Mackenzie, considera que estas señales deben incorporarse a los escenarios centrales del sector. A su juicio, una fuerza laboral más pequeña limitaría el crecimiento del producto interno bruto y tendría efectos directos sobre la demanda de energía.

El consumo de energía primaria alcanzaría su máximo en 2035

Por otra parte, el escenario base de Wood Mackenzie prevé que el consumo mundial de energía primaria aumente un 8 % frente a los niveles actuales.

La energía primaria incluye el uso total de petróleo, gas, carbón, renovables y otras fuentes antes de su transformación en electricidad o combustibles finales.

Según la proyección, el consumo alcanzaría un máximo de 717 exajulios en 2035. Después comenzaría a descender hasta situarse en unos 672 exajulios en 2060.

Este cambio estaría relacionado con una combinación de menor crecimiento demográfico, envejecimiento de la población y reducción de la fuerza laboral. Estos factores podrían limitar la expansión económica y moderar la demanda de petróleo y gas.

Sin embargo, la caída no sería uniforme en todas las fuentes de energía. Las economías emergentes aún presentan amplias necesidades de acceso energético y mayores posibilidades de crecimiento del consumo.

La demanda de electricidad mantendría una trayectoria ascendente

En contraste, Wood Mackenzie prevé que el consumo mundial de electricidad se duplique hacia 2060.

Incluso bajo un escenario demográfico débil, la población mundial crecería en unos 700 millones de personas durante ese periodo. Además, el aumento de los ingresos en Asia y África sostendría una parte importante de la nueva demanda.

Así mismo, la electrificación del transporte, la industria y los edificios elevaría el consumo eléctrico. A este proceso se sumaría la expansión de las energías renovables y el uso creciente de sistemas de inteligencia artificial.

Los centros de datos, la automatización industrial y las redes digitales requieren grandes cantidades de electricidad. Por esta razón, el descenso de la natalidad podría reducir el consumo energético agregado sin impedir que la demanda eléctrica continúe aumentando.

La automatización elevaría la presión sobre los minerales críticos

Además, una fuerza laboral más pequeña aumentaría el incentivo para invertir en automatización. Las empresas podrían recurrir a robots, inteligencia artificial y procesos eléctricos para compensar la falta de trabajadores.

Este cambio reforzaría la demanda de cobre, litio, níquel, tierras raras y otros minerales críticos. Estos materiales son necesarios para fabricar redes eléctricas, baterías, vehículos eléctricos, sistemas renovables y equipos electrónicos.

Prakash Sharma, director de Transición Energética de Wood Mackenzie, sostiene que una menor población no eliminaría la presión sobre estos recursos.

La electrificación y la inteligencia artificial podrían acelerar el alejamiento estructural de los hidrocarburos. Al mismo tiempo, crearían nuevas necesidades de inversión en generación eléctrica, almacenamiento de energía y redes de transmisión.

Asia y África seguirán impulsando el consumo energético

Mientras tanto, gran parte del crecimiento de la demanda se concentraría en regiones con necesidades energéticas insatisfechas.

Millones de personas en Asia y África todavía carecen de acceso estable a electricidad, transporte moderno y combustibles limpios. La urbanización y el aumento de los ingresos pueden elevar el consumo por habitante incluso cuando disminuya la tasa de natalidad.

Por tanto, el efecto demográfico dependerá de cada mercado. Las economías maduras podrían registrar una reducción más clara en la demanda total mientras los países emergentes mantendrían una expansión vinculada al desarrollo económico.

El sector energético deberá revisar sus modelos de largo plazo

Finalmente, Wood Mackenzie advierte que los gobiernos y las empresas deben preparar sus inversiones antes de que el envejecimiento demográfico limite el crecimiento económico y la capacidad fiscal.

La próxima revisión de las Perspectivas de la Población Mundial de la ONU podría provocar cambios en los modelos energéticos de largo plazo. Wood Mackenzie no espera que el organismo adopte por completo el escenario de baja natalidad. Aun así, cualquier corrección descendente tendría consecuencias económicas.

Una población mundial que alcance su máximo antes de lo previsto reduciría parte de la presión sobre el consumo de energía primaria. Sin embargo, la electrificación, la automatización y la transición energética mantendrían elevada la demanda de electricidad, infraestructura y minerales críticos.

Fuente: Wood Mackenzie

Foto: Shutterstock

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Soy ingeniero civil y me desempeño en el área de la redacción. Tengo una profunda pasión por las obras civiles. Constantemente busco actualizarme sobre las nuevas tecnologías en ingeniería para integrarlas en mi trabajo, puesto que mi principal interés es explorar cómo las innovaciones del sector industrial pueden mejorar y transformar el mundo