El gobierno del presidente Donald Trump ha intensificado las medidas para paralizar el desarrollo de proyectos de energía eólica marina en los Estados Unidos. Mediante la recompra de contratos de arrendamiento y la suspensión de obras de gran envergadura, el secretario del Interior, Doug Burgum, ha justificado estas acciones basándose en un informe confidencial del secretario de Defensa, Pete Hegseth.
Según la administración federal, las turbinas costeras representan un riesgo crítico para la defensa del territorio estadounidense, una postura alineada con la política de dominancia energética mediante combustibles que impulsa la Casa Blanca.
El argumento técnico detrás del bloqueo gubernamental
En relación con las objeciones técnicas, los funcionarios de defensa sostienen que las palas giratorias de los aerogeneradores provocan distorsiones que crean blancos falsos en los radares militares. En específico, el Departamento de Energía ha señalado que elevar los umbrales de detección para mitigar este ruido tecnológico incrementa la posibilidad de ignorar amenazas verdaderas como misiles, drones o embarcaciones. Frente a estos señalamientos, el experto en seguridad nacional Kirk Lippold ha manifestado que el personal militar posee el entrenamiento necesario para discernir entre las interferencias de fondo y los objetivos reales.
Por otra parte, la Oficina de Gestión de Energía Oceánica suspendió temporalmente cinco macroproyectos ubicados en la costa este tras recibir reportes clasificados en noviembre de 2025. Esta determinación administrativa generó una inmediata batalla legal por parte de los desarrolladores afectados y diversos gobiernos estatales. Finalmente, el Poder Judicial desestimó las restricciones del Ejecutivo tras analizar las pruebas confidenciales presentadas por el Departamento de Justicia. Así mismo, el juez federal Royce Lamberth sugirió que las alegaciones de seguridad nacional podrían constituir un pretexto político para obstaculizar la transición hacia fuentes renovables.
El precedente judicial y los proyectos de energía eólica marina
De manera simultánea, la controversia sobre la coexistencia entre la defensa aérea y los parques eólicos costeros se replica en el escenario europeo con distintas resoluciones tecnológicas. Por ejemplo, el gobierno de Suecia vetó un total de once complejos de generación eléctrica por motivos de seguridad táctica, una decisión cuestionada por corporaciones locales debido a la viabilidad de implementar metodologías paliativas.
En contraste, el Reino Unido concretó la adquisición de sistemas avanzados de radar en marzo de 2026 para neutralizar las distorsiones de las turbinas del mar del Norte. De este modo, los analistas del centro de estudios E3G sugieren que estas plataformas pueden operar como activos de vigilancia mediante el ensamblaje de dispositivos de monitoreo periférico.
Fuente: WRAL News
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