El crecimiento acelerado de la inteligencia artificial y el renovado interés en la minería de uranio han encendido una alarma energética a nivel global. Cada nuevo modelo, centro de datos o infraestructura de cómputo intensivo requiere cantidades masivas de electricidad, esto ha empujado a gigantes tecnológicos a mirar más allá de las energías tradicionales y considerar fuentes con mayor capacidad de carga y continuidad, como la energía nuclear.
En ese contexto, NexGen Energy, empresa canadiense enfocada en el desarrollo de uranio, reveló que ha sostenido conversaciones iniciales con proveedores de centros de datos. El objetivo: explorar vías de financiamiento para su proyecto Rook 1, una mina ubicada en Saskatchewan que podría comenzar a operar en 2030.
Su director ejecutivo, Leigh Curyer, planteó que esta posible alianza tecnológica-minera seguiría el modelo de lo que ocurrió con los fabricantes de automóviles y su respaldo a las minas de litio y cobalto. Las tecnológicas, dijo, tienen la responsabilidad de asegurar el suministro eléctrico de las enormes inversiones que están haciendo en infraestructura IA.
Rook 1 no es una mina más, NexGen afirma que podría abastecer más del 20% de la demanda global de uranio una vez entre en operación. La empresa ya obtuvo un permiso minero importante en febrero y espera la aprobación definitiva por parte del gobierno canadiense antes de finalizar junio de este año.
El modelo de financiamiento planteado incluiría contratos de suministro a largo plazo con centros de datos, sin modificar la estructura de control de NexGen. La decisión final dependerá del contexto regulatorio y de mantener flexibilidad ante la evolución de los precios del uranio.
Mientras los países buscan reducir emisiones y mejorar su seguridad energética, la energía nuclear ha recobrado fuerza. China e India lideran nuevos desarrollos en reactores, y eso ha disparado el interés por el uranio como recurso estratégico. En enero, su precio superó los 100 dólares por libra, marcando el pico de los últimos dos años.
Esta dinámica pone presión sobre el suministro y posiciona a empresas como NexGen en el centro de una nueva era: la convergencia entre tecnología, minería y energía.
Si se concreta el respaldo de los centros de datos a la minería de uranio, podría cambiar la forma en que se estructuran las inversiones en infraestructura tecnológica. Las empresas dejarían de ser solo consumidoras de energía para convertirse en actores activos dentro de su cadena de suministro energético.
Además, esto abre la puerta a nuevas formas de colaboración entre sectores que históricamente han operado por separado. Para países productores, también representa una oportunidad estratégica en la redefinición del mapa energético global.

Los precios del petróleo repuntaron casi un 3% luego de que las negociaciones entre Rusia y Ucrania en Ginebra terminaran abruptamente tras apenas dos horas. La reunión fue calificada como “difícil” por el presidente ucraniano Volodymyr Zelenskiy, mientras tanto, Moscú aseguró que las conversaciones fueron “prácticas” y que pronto habrá una nueva ronda. En paralelo, se agravaron las tensiones energéticas en la región: Hungría suspendió los envíos de diésel a Ucrania hasta que Kiev restablezca los suministros de crudo a través del oleoducto Druzhba.
El repunte del petróleo refleja la creciente sensibilidad del mercado ante cualquier tensión geopolítica, un corte prolongado en suministros desde Rusia o Irán impactaría directamente en los precios globales del crudo, afectando desde los costos del transporte hasta la inflación en varios países. Las señales de fragilidad en las rutas energéticas clave vuelven a poner a los mercados en alerta.
La Alianza Global de Energía para las Personas y el Planeta (GEAPP) busca recaudar 100 millones de dólares antes de 2028 para digitalizar las redes eléctricas de la India, este nuevo fondo se suma a una inversión inicial de 25 millones ya destinada a proyectos en Delhi y Rajasthan. La digitalización permitirá mejorar la eficiencia del sistema, facilitar la adopción de energías renovables y reducir tanto emisiones como costos.
El proyecto cuenta con el respaldo de fundaciones como Rockefeller, IKEA y el Fondo para la Tierra de Jeff Bezos, y tiene previsto atraer financiamiento de instituciones como el Banco Mundial y el Banco Asiático de Desarrollo. La digitalización será clave para que India logre sus metas climáticas, como reducir en 45% la intensidad de sus emisiones para 2030 y alcanzar cero emisiones netas para 2070.
El Grupo Adani anunció una inversión directa de 100 mil millones de dólares hasta 2035 para construir la mayor red de centros de datos preparados para inteligencia artificial (IA) y alimentados con energía renovable. Este proyecto conectará computación de alto rendimiento con energía limpia en una sola arquitectura, y se espera que atraiga otros 150 mil millones en inversiones relacionadas. En total, se busca crear un ecosistema de infraestructura de IA valorado en 250 mil millones en India.
La iniciativa abarca desde servidores y redes de transmisión hasta almacenamiento energético y asociaciones con gigantes como Google, Microsoft y Flipkart. Además, Adani destinará parte de su capacidad de cómputo a startups e instituciones de investigación locales, fortaleciendo así la soberanía tecnológica del país. También se apoyará en su proyecto solar de 30 GW en Khavda y en su red portuaria para conectar con mercados globales.
La petrolera australiana Santos recortará cerca del 10% de su plantilla mientras transita sus principales proyectos hacia operaciones estables. A pesar de los despidos, la empresa reportó un sólido flujo de caja libre de 1.800 millones de dólares, ingresos por 4.900 millones y una producción anual de 87,7 millones de barriles equivalentes. El beneficio neto subyacente alcanzó los 898 millones de dólares y los dividendos totales por acción para 2025 fueron de 23,7 centavos, lo que representa un retorno del 43% sobre el flujo de caja libre.
Los costos de producción cayeron a su nivel más bajo en diez años y los proyectos clave como Barossa, GNL de Darwin y Pikka Fase 1 avanzan según lo previsto. Además, la compañía superó su meta de reducción de emisiones del 30% para 2030 cinco años antes de lo planeado. Para 2026, Santos mantiene sus proyecciones estables, previendo un incremento en la producción de hasta 111 millones de barriles y una inversión de hasta 2.150 millones de dólares.