Los datos más recientes del Barómetro de Energía de Vattenfall, elaborados junto a Statista, confirman que el optimismo domina la percepción ciudadana sobre la transición energética del continente. Así mismo, esta investigación realizada a 5000 consumidores en mercados como Alemania y el Reino Unido subraya que la conciencia ambiental ha dejado de ser una intención para convertirse en un hábito financiero y conductual.
Las demandas de inversión en infraestructura pública
A pesar del entusiasmo generalizado, existe un clamor unánime por una mayor implicación institucional. Los encuestados señalan que los gobiernos deben priorizar la modernización de las redes y el fomento de tecnologías de vanguardia para garantizar la competitividad. En Alemania, por ejemplo, el 65% de los ciudadanos advierte que la dependencia de los recursos fósiles compromete la resiliencia económica a largo plazo. Por tanto, la dirección que toma la industria debe alinearse con una ambición política clara y sostenida.
El análisis muestra contrastes significativos en la adopción de soluciones domésticas. Mientras que los Países Bajos encabezan la instalación de paneles solares, Suecia se posiciona a la vanguardia en sistemas de calefacción renovable mediante bombas de calor. Esta fragmentación evidencia que, aunque el sentimiento pro-clima es global, las facilidades logísticas y los incentivos locales determinan el ritmo de ejecución. No obstante, el compromiso individual se mantiene firme y el ahorro energético adoptado durante las crisis recientes se ha consolidado como una norma social.
El avance real hasta ante la transición energética
El estudio arroja luz sobre una transformación profunda en los estilos de vida. Siete de cada diez europeos consideran que sus decisiones cotidianas impactan directamente en la mitigación del cambio climático. Acciones como la reducción del desperdicio, el uso de electrodomésticos eficientes y la preferencia por marcas con prácticas responsables definen hoy al consumidor medio.
Fuente y foto: Vattenfall