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El informe indicó resultados adversos sobre el evento del pasado octubre en la refinería de Mongstad, donde varios operarios enfrentaron un contacto accidental con la exposición de benceno. Tras analizar el documento oficial, las acciones demostraron que la presión por reactivar las operaciones tras el mantenimiento nubló el juicio preventivo habitual.
La exposición de benceno y los fallos en la evaluación de riesgos
Al examinar los hechos, la actividad inicial debía durar apenas treinta minutos. No obstante, las complicaciones técnicas extendieron la maniobra por más de cinco horas sin que nadie ordenara una nueva valoración del peligro.
El equipo de trabajo utilizó cubos abiertos para transportar nafta hacia un instrumento de medición. Dicha acción facilitó la liberación de vapores de benceno en un ambiente donde los operarios carecían de la protección respiratoria adecuada para una jornada tan prolongada.
Para remediar esta situación, la dirección de la planta ha tomado decisiones contundentes. Se ha decidido sustituir el uso de nafta por glicol en los procesos de calibración de estos instrumentos para eliminar las emisiones de benceno de raíz.
Así mismo, se ha incorporado un equipo de ingenieros de seguridad dedicado exclusivamente a supervisar el ambiente de trabajo químico. Ahora, los nuevos protocolos incluyen una capacitación intensiva en el manejo de detectores de gases y una disponibilidad inmediata de equipos de respiración autónoma.
La autoridad noruega Havtil ha seguido el caso con lupa y ha trasladado el informe a la policía para una investigación judicial paralela. El vicepresidente Bernt E. Tysseland admite que la planificación fue compleja y poco clara durante ese periodo de alta actividad. Los errores en la gestión del entorno químico sirven ahora como base para un aprendizaje profundo que busca evitar la repetición de sucesos similares en el futuro de la industria oceánica.
Fuente y foto: Equinor