El grupo ENGIE ha logrado situar su beneficio neto recurrente en los 4.900 millones de euros, un desempeño que se ubica en el límite superior de sus previsiones iniciales. Este rendimiento refleja una gestión robusta frente a la volatilidad de los mercados globales y una ejecución impecable de su plan de descarbonización.
El balance financiero positivo de ENGIE
Iniciando este nuevo ciclo, la firma del acuerdo para adquirir la totalidad de UK Power Networks. Esta operación convierte al Reino Unido en el segundo mercado más relevante para la firma en términos de contribución al EBIT. Así mismo, la integración de estas redes eléctricas reguladas permite a la compañía asegurar ingresos estables y predecibles, fortaleciendo su perfil de riesgo ante los inversores y analistas internacionales.
Durante el último año, la empresa ha incrementado su capacidad instalada de almacenamiento y fuentes verdes en 6,2 GW. Este avance eleva el total operativo a 57,2 GW, consolidando una base de activos que será fundamental para las metas fijadas hacia 2028.
La estrategia de inversión bruta proyectada, que oscila entre los 34.000 y 38.000 millones de euros, destinará casi la totalidad de sus recursos a infraestructuras críticas y baterías, alejándose progresivamente de la dependencia nuclear.
En cuanto a la remuneración para los inversores, el consejo de administración ha planteado un dividendo de 1,35 euros por acción. Este pago representa el 67% de la utilidad neta recurrente, manteniendo una política de distribución atractiva y coherente.
A pesar de un ligero aumento en la deuda financiera neta debido a compromisos contractuales en Bélgica, la deuda económica se redujo, situando el ratio de apalancamiento en un nivel saludable de 3,1x.
La organización prevé que sus ganancias recurrentes se mantengan estables, con un objetivo de alcanzar hasta los 5.800 millones de euros para el cierre de 2028. El enfoque se centrará en que la mayor parte del EBIT provenga de actividades reguladas o contratos a largo plazo.
Fuente y foto: ENGIE