El apagón del 28 de abril que lo cambió todo
El 28 de abril de 2025 quedará grabado en la memoria energética de España y Portugal. Un apagón masivo dejó sin electricidad a millones de personas durante horas, poniendo en evidencia una realidad que el sector venía advirtiendo desde hacía años: la red eléctrica española necesita una inversión urgente y estructural para soportar la transición energética en curso.
Aquel corte histórico no solo generó pérdidas económicas millonarias y un caos logístico sin precedentes. También reabrió con fuerza el debate sobre la rentabilidad de las inversiones en redes eléctricas y la responsabilidad de los grandes operadores en garantizar una infraestructura robusta y resiliente. Es en ese contexto donde cobra toda su dimensión el anuncio de Enel.
El gigante italiano de la energía ha presentado un plan estratégico 2026-2028 que coloca la modernización de redes en el centro de su hoja de ruta global, con España como uno de sus mercados más estratégicos.
Un plan de 63.000 millones con España en el epicentro
Enel ha anunciado un plan de inversión de 63.000 millones de dólares para el período 2026-2028, del cual aproximadamente 26.000 millones de euros se destinarán exclusivamente al refuerzo y expansión de redes eléctricas en todos sus mercados. Una cifra que refleja la magnitud del desafío que enfrenta la industria energética global ante la electrificación masiva de la economía.
De ese presupuesto para redes, España se lleva el 21%: unos 5.500 millones de euros que Enel canalizará a través de su filial española, Endesa. Esta asignación convierte al mercado español en uno de los focos de inversión más importantes del grupo a nivel internacional, solo comparable en relevancia estratégica a Italia y Latinoamérica.
La batalla por la rentabilidad regulada
Sin embargo, el camino no está exento de tensiones. El regulador español de la competencia ha fijado recientemente la tasa de retorno financiero para las actividades de red eléctrica en un 6,58% para los próximos años, justificándolo como un equilibrio entre las necesidades de inversión y la protección del consumidor frente a subidas de tarifa.
El problema es que las compañías eléctricas que operan en España, incluida Endesa, reclaman una rentabilidad superior al 7% para que las inversiones en redes sean viables y atractivas. La brecha entre lo que ofrece el regulador y lo que exige el sector es pequeña en porcentaje, pero enorme en términos de miles de millones de euros a lo largo de un ciclo de inversión.
Endesa lidera la transformación de la red española
Más allá del debate regulatorio, lo que el plan de Enel confirma es que Endesa será el vehículo principal de una transformación profunda de la infraestructura eléctrica española. Los 5.500 millones de euros comprometidos se orientarán a digitalizar, reforzar y expandir una red que debe prepararse para absorber la creciente generación renovable y la electrificación del transporte y la industria.
España se enfrenta a una paradoja que comparten muchos países europeos: la velocidad de instalación de renovables ha superado la capacidad de la red para integrarlas eficientemente. Sin inversión masiva en infraestructura de transporte y distribución, la transición energética pierde eficacia y aumenta el riesgo de nuevos episodios de inestabilidad como el del pasado abril.
El anuncio de Enel llega, por tanto, en el momento justo. Y aunque quedan por resolver los flecos regulatorios, la señal es clara: el capital privado está dispuesto a apostar por la red eléctrica española. Ahora le toca al regulador crear las condiciones para que esa apuesta se materialice a la velocidad que el país necesita.
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