Las importaciones de crudo venezolano están ganando terreno en el Golfo de México y desplazando progresivamente la demanda de fuelóleo de alta viscosidad (HSFO) procedente de México. Este cambio refleja una nueva dinámica en las plantas de coquización estadounidenses, especialmente en las refinerías del USGC (Costa del Golfo de EE.UU.), donde el petróleo venezolano está comenzando a jugar un papel clave como materia prima.
Preferencia por crudo venezolano en refinerías del Golfo
Las recientes flexibilizaciones de las sanciones estadounidenses han facilitado la entrada de volúmenes crecientes de crudo pesado y ácido desde Venezuela. En enero, las importaciones aumentaron a 9,2 millones de barriles, en comparación con los 6,4 millones de diciembre, según datos de S&P Global Commodities at Sea.
Este movimiento ha sido respaldado por márgenes de refinación sólidos, con el crack ULSD en el Golfo alcanzando los $32,19/b, lo que representa una ganancia de más de $2/b frente al promedio reciente.
El impacto directo sobre el HSFO mexicano
A medida que las refinerías procesan más crudo venezolano, generan mayores volúmenes de residuo para la coquización, reduciendo así la necesidad de importar HSFO mexicano como feedstock.
Si bien no se ha eliminado por completo la demanda, los contratos existentes están siendo redirigidos al mercado de combustibles marinos, lo que incrementa la oferta en ese segmento.
Reactivación en el mercado de búnker marino
Este excedente de fuelóleo mexicano ha comenzado a alimentar el mercado físico de mezclas marítimas. Desde el 9 de febrero, la actividad de ofertas ha superado a la de demandas en el proceso Platts Market on Close, una señal de mayor disponibilidad.
Las evaluaciones de barcazas de HSFO han subido, pero también se han visto mitigadas por la presión del aumento de oferta.
Implicaciones para el comercio energético regional
Este redireccionamiento de flujos pone de relieve cómo el petróleo venezolano, tras años de limitaciones, vuelve a insertarse en el panorama energético del hemisferio occidental.
Para México, representa una pérdida temporal de protagonismo en un nicho que había consolidado, mientras que para los mezcladores de combustibles marinos, abre una ventana de oportunidad frente a mayores disponibilidades.
La competencia por los residuos pesados se intensifica, y el Golfo de México vuelve a ser el escenario de un ajuste estratégico donde la geopolítica, los márgenes de refinación y las decisiones comerciales moldean la dirección del mercado.
Fuente: S&P Global
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