¿Qué tan bien lo hicimos? El balance climático de la COP30

El acuerdo global avanza en papel, pero enfrenta barreras políticas y urgencias que limitan la acción climática efectiva a corto plazo.
COP30 revela avances y desafíos en la lucha climática

La COP30 cerró con un mensaje claro pero complejo: el mundo avanza en la lucha climática, pero no al ritmo necesario. A pesar del acuerdo logrado entre 194 países, el desafío climático sigue tan vigente como fragmentado y la implementación concreta de acciones sigue siendo la tarea pendiente.

Avances diplomáticos y tensiones en la lucha climática

Desde Brasil, la presidencia de la COP30 puso énfasis en restaurar la confianza en el multilateralismo y acelerar acciones que conecten con la vida cotidiana de las personas. Sin embargo, las tensiones globales no dieron tregua. Las prioridades nacionales, los conflictos por recursos estratégicos y la politización del clima marcaron el tono de las negociaciones.

En ese contexto, el acuerdo final se percibió como más flexible de lo deseado. Aunque se mantuvo el compromiso con el límite de 1,5 °C, los caminos para llegar allí todavía están llenos de obstáculos.

Cifras y compromisos: lo que quedó en papel

Entre los elementos clave del acuerdo destacan los objetivos de reducción de emisiones: 43% para 2030 y 60% para 2035 respecto a niveles de 2019, con la meta de neutralidad en carbono para 2050. En términos financieros, se acordó movilizar 300 mil millones de dólares anuales para países en desarrollo hasta 2035, y sostener el objetivo más amplio de 1,3 billones por año mediante inversión pública y privada.

También hubo avances en el reconocimiento de derechos humanos vinculados al clima, y por primera vez se incluyó un compromiso para enfrentar la desinformación climática, un factor que socava los esfuerzos basados en ciencia.

El impulso paralelo: coaliciones y hojas de ruta

Ante la dificultad de lograr consensos globales, varios países optaron por formar acuerdos paralelos. Más de 80 países, liderados por Colombia, apoyaron una hoja de ruta para eliminar gradualmente los combustibles fósiles. Brasil y otros socios lanzaron el Fondo Bosques Tropicales para Siempre, con una financiación combinada de 125 mil millones de dólares. Además, 20 países firmaron una declaración sobre la integridad de la información climática.

Estos movimientos reflejan un cambio en la dinámica de las cumbres: donde no hay acuerdo universal, surgen iniciativas específicas con grupos afines que empujan agendas puntuales.

Lo que viene: COP31 y nuevos liderazgos

La próxima cumbre ya está en marcha. Turquía tomará la presidencia y Australia liderará las negociaciones. Se espera que temas como la situación de las islas del Pacífico ganen visibilidad, mientras los bloques de países siguen buscando caminos para alcanzar las metas acordadas hace ya casi una década en París.

A pesar de los avances, el mensaje es claro: falta más ambición, más implementación y menos dilación. El multilateralismo climático aún tiene vida, pero requiere decisiones firmes y una acción sostenida que supere los intereses individuales.

Como dijo el presidente de la COP30, André Corrêa do Lago: «Estamos reunidos aquí para intentar cambiar las cosas». El reto ahora es convertir ese intento en resultados concretos.

Fuente y foto: DNV