Chevron confirmó que la planta de GNL de Wheatstone continúa fuera de servicio en Australia Occidental después de los daños provocados por un ciclón que impactó la zona en los últimos días. La compañía mantiene detenidas sus dos líneas de producción mientras sus equipos avanzan con las reparaciones en varios sistemas afectados.
Además, la incidencia pone el foco sobre uno de los activos más relevantes de Chevron en Australia. Wheatstone ocupa un lugar central en la red de producción y exportación de gas natural licuado del grupo y su interrupción añade presión a un mercado que sigue muy pendiente de cualquier alteración en la oferta.
Según lo expuesto por la empresa, parte de los equipos que resultaron afectados fueron varios intercambiadores de calor refrigerados por aire. Ese punto ayuda a entender por qué la reactivación no será inmediata y por qué Chevron ha evitado fijar una fecha exacta para el retorno completo de la instalación.
Al mismo tiempo, la petrolera dejó claro que el alcance del deterioro en Wheatstone fue mayor que el registrado en Gorgon durante el mismo episodio climático. También trasladó que la magnitud del impacto supera la de otros ciclones que ya habían golpeado esa región en años anteriores.
Por eso, la noticia no se limita a una incidencia operativa local, cuando una planta de GNL de estas dimensiones se detiene durante varias semanas, el mercado mundial del gas reacciona con atención por la posible reducción temporal de oferta disponible para exportación.
En ese escenario, Asia aparece como uno de los espacios más sensibles a cualquier alteración en el suministro australiano. A la vez, Europa también sigue de cerca este tipo de interrupciones porque compite por cargamentos de GNL en momentos de tensión comercial o de mayor demanda internacional.
Por otra parte, el episodio vuelve a poner a Chevron ante un reto operativo relevante en una geografía expuesta de forma periódica a fenómenos meteorológicos extremos. La compañía necesita reparar la infraestructura dañada y recuperar la actividad sin agravar los retrasos ni abrir nuevas dudas sobre la estabilidad de sus envíos.
De hecho, el contraste con Gorgon refuerza la lectura de que Wheatstone atraviesa una afectación más delicada. Ese matiz da más relevancia a cada actualización de la empresa porque el mercado interpreta cualquier cambio en el calendario de recuperación como una señal sobre la disponibilidad futura de gas.
Ahora bien, el siguiente paso pasa por medir la velocidad de las reparaciones y comprobar si Chevron logra restablecer primero parte de la capacidad o si tendrá que esperar a una recuperación total más lenta. Esa diferencia puede influir en las previsiones de suministro de corto plazo.
Mientras tanto, la planta de GNL de Wheatstone seguirá bajo observación de analistas, compradores y operadores energéticos. La razón es simple: cualquier demora adicional en Chevron puede trasladar más tensión al mercado mundial del gas justo cuando la fiabilidad de la oferta vuelve a situarse en primer plano.

Shell avanza en conversaciones con el gobierno de Venezuela para ampliar su presencia en zonas gasíferas cercanas a Trinidad y Tobago. La empresa busca desarrollar cuatro áreas clave que incluyen el campo Dragón y otros bloques del proyecto Mariscal Sucre, con reservas conjuntas que superan los 12 billones de pies cúbicos. También evalúa sumar el área Loran, que junto a su extensión en Trinidad alcanza unos 20 billones de pies cúbicos.
El plan contempla extraer gas en aguas venezolanas y trasladarlo a Trinidad para procesarlo como gas natural licuado. Esta estrategia ayudaría a reactivar la planta Atlantic LNG, que ha operado por debajo de su capacidad debido a la falta de suministro. Shell ya tiene presencia en la zona y ha firmado acuerdos preliminares que también incluyen posibles desarrollos en campos terrestres.
El precio del crudo Brent bajó con fuerza y cayó por debajo de los 100 dólares por barril tras declaraciones del presidente Donald Trump sobre una posible retirada de Estados Unidos del conflicto con Irán en pocas semanas. El mercado reaccionó rápido y reflejó una menor tensión geopolítica que había impulsado los precios al alza en días recientes.
El WTI también registró caídas mientras los inversionistas ajustaban sus expectativas ante un posible fin de la intervención militar. Aun así persisten dudas sobre la normalización del flujo energético en la región, ya que el tránsito por el estrecho de Ormuz y la logística de exportación podrían tardar en estabilizarse incluso si se concreta una salida.
Irán permitió que buques petroleros de Malasia crucen el estrecho de Ormuz sin pagar el peaje que planea aplicar a otros transportistas. La decisión se basa en la relación diplomática entre ambos países y ocurre en medio de fuertes restricciones al tránsito marítimo en esta ruta estratégica. Actualmente el paso de barcos está limitado y controlado por autoridades iraníes.
El flujo por el estrecho ha caído de más de 100 embarcaciones diarias a menos de 10 lo que ha generado congestión y retrasos en el comercio energético. Mientras tanto algunos buques malasios han logrado avanzar tras recibir autorización especial y esperan condiciones seguras para continuar su ruta. Irán mantiene activo su propio comercio energético pese a las limitaciones impuestas al resto.
Las exportaciones de diésel de India hacia el sudeste asiático alcanzaron en marzo su nivel más alto en más de siete años impulsadas por la disrupción del suministro en Oriente Medio. El conflicto con Irán llevó a compradores asiáticos a buscar nuevas fuentes mientras refinerías indias aprovecharon mejores márgenes y mayor demanda en la región.
Alrededor de 1 millón de toneladas métricas fueron enviadas en esta ruta y cerca de la mitad llegó a Singapur. Reliance Industries concentró la mayor parte de los envíos apoyada en su capacidad de refinación y acceso a crudo ruso disponible en el mercado. Este cambio también responde a restricciones en exportaciones desde otros países asiáticos lo que ha reducido la oferta habitual.