El calor invisible: Cómo la termografía infrarroja mantiene las plantas industriales más seguras inteligentes y eficientes

La termografía identifica el calor anormal en equipos en funcionamiento para prevenir fallos y orientar las decisiones de mantenimiento.
Técnico industrial realizando una inspección con termografía infrarroja en equipos eléctricos en funcionamiento dentro de una planta industrial.

De la temperatura a la información

La termografía infrarroja funciona detectando la radiación infrarroja emitida por las superficies y convirtiéndola en un mapa visual de las diferencias de temperatura: un termograma. Puede escanear paneles energizados, equipos rotativos o líneas de vapor mientras todo sigue funcionando. Sin tiempo de inactividad. Sin conjeturas.

Con el tiempo, se empieza a reconocer lo que es «normal» para el equipo.

Cuando un cojinete funciona a 10 °C más que el contiguo, cuando una barra colectora tiene ese ligero cambio de gradiente, cuando un parche de aislamiento se lee más frío que el resto, los ojos empiezan a detectar patrones de tensión mucho antes de que se conviertan en fallos.

Es entonces cuando la termografía deja de ser un gadget interesante y pasa a formar parte de una filosofía de mantenimiento predictivo, o PdM, como muchos de nosotros lo llamamos discretamente. Ya no se reacciona ante los problemas, sino que se anticipan.

La seguridad es lo primero, siempre

La mayoría de la gente asocia la termografía con el ahorro energético, pero según mi experiencia, su principal y mayor ventaja es la seguridad.

Las conexiones sueltas, los circuitos sobrecargados o el aislamiento deteriorado se manifiestan a través de anomalías en la temperatura. Lo irónico es que son invisibles hasta que se vuelven peligrosos. Una conexión caliente no activa las alarmas, simplemente sigue calentándose hasta que el aislamiento se rompe o, lo que es peor, hasta que se produce un arco eléctrico.

Cuando realizo inspecciones por infrarrojos en equipos eléctricos en funcionamiento, a menudo pienso en la norma NFPA 70E, que regula la seguridad eléctrica en el lugar de trabajo. Nos recuerda que, aunque observemos desde la distancia, cada escaneo térmico debe respetar los límites de arco eléctrico, el EPI y los procedimientos de aproximación segura.

Y detrás de esas normas hay algo más profundo: la termografía no solo protege los equipos, sino también a las personas. Un solo escaneo puede evitar un accidente del que nunca se enterará, y ese es precisamente el objetivo.

La energía que no ves (y por la que pagas de todos modos)

La termografía también nos habla de la energía, la que perdemos silenciosamente cada día.

Piensa en todo el calor que se escapa por el aislamiento desgastado de una tubería de vapor, la fase desequilibrada de un circuito de motor o una bomba desalineada que funciona a una temperatura más alta de lo que debería. Todas esas «pequeñas ineficiencias» se ven claramente en una imagen infrarroja. Arreglarlas no solo reduce el consumo, sino que también prolonga la vida útil de los componentes.

En una planta, una simple inspección por infrarrojos de la sala de calderas reveló que una sola sección de la tubería tenía el aislamiento deteriorado. La reparación fue barata, pero en un año ahorró miles de dólares en pérdidas de vapor. La optimización energética no siempre requiere una inversión masiva; a veces, solo se necesita la lente adecuada.

Por eso, la norma NFPA 70B (Prácticas recomendadas para el mantenimiento de equipos eléctricos) incluye ahora referencias específicas a las inspecciones por infrarrojos. Es un sutil reconocimiento de que la eficiencia energética y la seguridad son dos caras de la misma moneda.

Creación de un ojo predictivo

Cuando se integra la termografía en la cultura de mantenimiento, se convierte en un registro vivo del estado de la planta.

Una encuesta de referencia establece el aspecto que tiene el equipo cuando está en buenas condiciones.

Cada nuevo escaneo se convierte en un fotograma de un lapso, que muestra dónde varían las temperaturas, dónde se acumula la tensión y dónde es necesaria una intervención.

Es sencillo, pero potente:

  • Escanee con regularidad.
  • Compare tendencias.
  • Investigue anomalías.
  • Actúe antes de que se produzca un fallo.

Este ritmo es el corazón del PdM. La termografía es solo un instrumento, junto con la vibración, los ultrasonidos y el análisis de aceite, pero es el que habla de forma más visual. Incluso los gerentes entienden una mancha roja en un termograma. Traduce los datos en instinto.

Lecciones aprendidas sobre el terreno

Uno de mis ejemplos favoritos proviene de una planta de procesamiento de alimentos donde el tiempo de inactividad suponía la pérdida del producto. Durante una inspección rutinaria, detecté un ligero aumento de temperatura en un interruptor de alimentación principal, solo unos 6 °C por encima de su gemelo. No era crítico, pero merecía la pena señalarlo.

Una semana más tarde, la anomalía aumentó a 12 °C. Programamos una breve parada, limpiamos los contactos, apretamos los bornes y volvimos a apretar la conexión. ¿Escaneo posterior a la reparación? Perfectamente equilibrado.

Si hubiéramos esperado, ese interruptor podría haberse quemado a mitad del turno, parando toda la línea. En cambio, lo arreglamos en 30 minutos sin ninguna interrupción. Esa es la esencia del mantenimiento predictivo: victorias silenciosas que nadie nota, porque nada falló.

Retos y credibilidad

Para hablar con sinceridad sobre la termografía, también debemos mencionar sus limitaciones.

No todas las superficies son iguales: los metales brillantes reflejan la radiación infrarroja, lo que a veces muestra puntos calientes falsos.

Factores ambientales como el viento, la luz solar o la lluvia pueden distorsionar las lecturas. Y aunque la termografía permite ver perfectamente la temperatura superficial, no permite ver en profundidad, por lo que los defectos subsuperficiales pueden requerir otras técnicas de ensayo no destructivo.

Por eso, los termógrafos cualificados siguen procedimientos como ASTM E1934 o ISO 18434-1, que garantizan resultados consistentes. Una inspección creíble combina un buen equipo, ajustes calibrados, cargas estables y un ojo entrenado que sabe cuándo cuestionar la imagen en lugar de confiar ciegamente en ella.

Donde la seguridad se une a la eficiencia

Lo que hace que la termografía infrarroja sea realmente especial es que une dos mundos: la seguridad y la energía.

Cada anomalía eléctrica que se repara supone tanto una mejora en la seguridad como un aumento de la eficiencia. Cada tubería aislada que se repara reduce tanto la pérdida de calor como el riesgo de superficie. Es una herramienta poco común que sirve a la vez a los intereses humanos y económicos.

Y es por eso que a menudo la presento no como un servicio independiente, sino como parte de un programa de fiabilidad holístico. Ya sea que lo llame mantenimiento predictivo, monitoreo de condiciones o simplemente buenas prácticas de ingeniería, la termografía encaja naturalmente en el ecosistema. Apoya la toma de decisiones, valida las reparaciones y cuenta una historia clara a través de imágenes que todos pueden entender.

El panorama general

En esencia, la termografía infrarroja tiene que ver con la visibilidad, no solo de la temperatura, sino también de la responsabilidad.

Permite a los ingenieros ver las consecuencias antes de que se manifiesten, actuar en lugar de reaccionar. Es una tecnología con empatía: una forma de escuchar a las máquinas a través de sus firmas térmicas.

Cada vez que recorro una planta con una cámara termográfica colgada del hombro, pienso en ella menos como una cámara y más como un traductor. Me dice lo que el equipo está sintiendo (estrés, desequilibrio, fatiga) en un lenguaje de colores y contrastes.

Y quizá eso sea lo más importante de todo: nos enseña a prestar atención. Porque el calor invisible que ignoramos hoy suele ser el fallo más destacado de mañana.

En una era obsesionada con los datos y los paneles de control, la termografía infrarroja ofrece algo maravillosamente sencillo: la verdad hecha visible.

No predice el futuro con algoritmos, sino que revela el presente con luz. Y si se utiliza con prudencia, dentro de una cultura de seguridad, eficiencia y pensamiento predictivo, eso es suficiente para mantener toda una planta en funcionamiento no solo durante más tiempo, sino también de forma más inteligente.


Este artículo ha sido elaborado por el especialista Jorge Reyna y publicado como parte de la séptima edición de Inspenet Brief Febrero de 2026, dedicada a contenidos técnicos del sector energético e industrial.