El futuro energético de América Latina: Un llamado a una transición justa y conectada

Los datos sobre electricidad de la OLADE describen cómo los retos de integración, diversificación y acceso definen el futuro energético a medio plazo de la región.
El futuro energético representado por unas manos sosteniendo una hoja verde frente a paneles solares, turbinas eólicas e infraestructura energética.

América Latina se encuentra en un punto de inflexión. Es un momento que se siente emocionante y urgente al mismo tiempo. Nuestra región tiene todo lo que necesita para liderar la conversación global sobre energía limpia, incluyendo abundantes recursos naturales, un sólido talento técnico y una creciente determinación para innovar. Pero el potencial por sí solo no garantiza el progreso, y la transición que tenemos por delante debe ser reflexiva, inclusiva y centrada en las personas.

El Informe N.o 8 de la OLADE sobre Generación Eléctrica, noviembre de 2025, ofrece una imagen clara de dónde estamos y hacia dónde necesitamos avanzar. Al leerlo, volví una y otra vez a la misma idea. América Latina está llena de posibilidades, pero las posibilidades solo se convierten en progreso cuando planificamos con intención y trabajamos juntos a través de fronteras, sectores y comunidades.

Como alguien que cree profundamente en una transición justa e integrada, veo este momento como una invitación. Es una invitación a coordinarnos mejor, a diseñar políticas que reflejen nuestras realidades y a garantizar que la energía limpia se convierta en una herramienta de dignidad y desarrollo, y no solo en un objetivo de descarbonización.

Lo que nos dice la OLADE: avances, tensiones y oportunidades

La energía renovable está en aumento, pero la hidroelectricidad aún domina

La OLADE informa que el 71 % de la electricidad de la región proviene actualmente de fuentes renovables, frente al 68 % en 2024. La hidroelectricidad por sí sola representa el 45 % del total. La energía solar y eólica alcanzaron conjuntamente el 18 %, mostrando un crecimiento sostenido.

Este progreso es significativo. Demuestra compromiso y dinamismo regional. Pero también pone de relieve una vulnerabilidad. Seguimos dependiendo en gran medida de la hidroelectricidad. En una región marcada por una creciente variabilidad climática, esta dependencia conlleva riesgos. Una transición justa también debe ser resiliente, y la resiliencia requiere diversificación.

Las tecnologías térmicas siguen desempeñando un papel en la confiabilidad

La OLADE también señala que la generación térmica, en su mayoría a base de gas natural, continúa aportando el 27 % de la electricidad en la región. Existe una razón práctica para ello. El gas natural estabiliza el sistema durante sequías o picos de demanda.

A medida que avanzamos hacia una energía más limpia, la confiabilidad no puede convertirse en una consideración secundaria. Las personas y las industrias necesitan sistemas en los que puedan confiar. Una transición justa y ordenada reconoce el papel estabilizador que desempeña hoy el gas natural, incluso mientras construimos un futuro con menores emisiones.

Aún no somos la región conectada que podríamos ser

Una conclusión importante del informe es que nuestros sistemas energéticos regionales siguen fragmentados. América Latina todavía opera más como un conjunto de mercados aislados que como una red interconectada. El informe estima que una mayor interconexión podría generar ahorros anuales de 2 mil millones de dólares, junto con una mayor flexibilidad y resiliencia. Proyectos como la Interconexión Eléctrica Andina son prometedores. Sin embargo, la armonización regulatoria sigue siendo un gran desafío.

No nos falta talento ni recursos. Lo que nos falta es coordinación. Una región más conectada es una región más fuerte.

El acceso a la energía sigue siendo desigual, y esto debe ser una prioridad

La OLADE destaca dos cifras importantes:

  • 17 millones de personas aún carecen de electricidad.
  • 77 millones todavía dependen de sistemas de cocción inseguros o contaminantes.

Estas cifras representan más que simples datos. Representan comunidades a las que la transición aún no ha llegado. Una transición justa debe corregir estas inequidades. La generación distribuida, las microrredes y las soluciones centradas en la comunidad no son solo estrategias técnicas. Son caminos hacia la justicia.

Mirando hacia adelante, los desafíos que darán forma a nuestro futuro energético

La resiliencia climática no es una sección que se agrega al final de un plan energético. Es la base de todo el plan. Si hay algo que he aprendido en este sector, es que la resiliencia debe guiar cada decisión que tomamos.

Adaptarse a la nueva realidad climática requiere reforzar las redes de las que dependemos hoy. Requiere acelerar la inversión en tecnologías de almacenamiento. También exige diversificar nuestra matriz energética mucho más allá de los patrones históricos. Ninguno de estos pasos es sencillo, pero son necesarios si queremos una transición que perdure.

El próximo capítulo de la transición energética de la región estará marcado por tecnologías emergentes. La energía eólica marina, el hidrógeno verde, las redes inteligentes y el almacenamiento de energía desempeñarán papeles importantes.

Nuestras regiones costeras, recursos naturales y reservas minerales nos posicionan para aprovechar estas oportunidades. La pregunta ya no es si el potencial existe. La pregunta es si actuaremos a tiempo.

Necesitamos reglas que nos permitan crecer juntos

América Latina cuenta con 27 países miembros de la OLADE, cada uno con su propio enfoque regulatorio. La diversidad puede ser positiva, pero la fragmentación ralentiza el progreso. Sin alineación en normas técnicas, reglas de mercado y criterios ambientales, la integración regional seguirá siendo una idea y no una práctica. Los especialistas estiman que la región necesitará 150 mil millones de dólares para 2035 con el fin de expandir la capacidad renovable, modernizar las redes e integrar los sistemas energéticos. Se trata de una cifra significativa, pero también de una oportunidad histórica.

Movilizar este capital requiere regulaciones predecibles que generen confianza. Requiere colaboración público-privada que permita escalar soluciones. Requiere instrumentos financieros que reduzcan el riesgo y atraigan inversión de largo plazo.

Si alineamos el capital con el propósito, América Latina puede dar un salto adelante en lugar de quedarse rezagada.

Una transición que ponga a las personas y la cooperación en primer lugar

Una transición justa significa que ninguna comunidad se quede atrás y que ningún país avance solo. Significa reconocer la diversidad social, económica y cultural que define a América Latina.

Una transición justa es confiable, para que las personas puedan confiar en el sistema. Es accesible, para que las zonas rurales y marginadas se beneficien.

Es asequible, para que la energía se convierta en una herramienta de desarrollo.

Es integrada, porque la colaboración fortalece a la región.

Está centrada en las personas, colocando el bienestar en el centro de la toma de decisiones.

Este es el momento de actuar con intención

Nuestra región cuenta con los recursos, el talento y el impulso necesarios para convertirse en un referente global en energía limpia e inclusiva. Este es el momento de conectar a nuestros países, fortalecer a nuestras comunidades y diseñar sistemas capaces de resistir los desafíos futuros. Una transición energética justa e integrada es necesaria. Y cuando América Latina avanza con intención, construimos más que sistemas energéticos. Construimos un futuro más justo y resiliente para todos.

Basado en la OLADE, Informe N.o 8 sobre Generación Eléctrica, noviembre de 2025.


Este artículo ha sido elaborado por la especialista Ana Ludlow y publicado como parte de la séptima edición de Inspenet Brief Febrero de 2026, dedicada a contenidos técnicos del sector energético e industrial.