La Captura, Utilización y Almacenamiento de Carbono (CCUS, por sus siglas en inglés) representa un paso fundamental hacia el desarrollo de un ecosistema energético sostenible, al tiempo que reduce la huella de carbono y promueve un modelo de economía circular. Un componente clave dentro de este marco es el transporte de CO2 mediante tuberías, que conecta las fuentes de emisión con los destinos de almacenamiento o utilización, formando la columna vertebral estructural de una cadena de valor de CO2 escalable.
Un elemento esencial de muchas iniciativas CCUS es la creación de clústeres industriales. Estos polos están diseñados para recolectar emisiones de CO2 de múltiples instalaciones y canalizarlas a través de infraestructura compartida para su transporte y almacenamiento a largo plazo. En el centro de esta visión se encuentra una red confiable de tuberías de CO2 capaces de mover de manera segura el carbono capturado hacia los sitios de almacenamiento designados.
Históricamente, las tuberías de CO2, desarrolladas principalmente en Estados Unidos entre las décadas de 1970 y 1990, fueron diseñadas para transportar CO2 casi puro derivado del procesamiento de gas natural. El panorama actual de CCUS presenta un desafío más complejo: transportar CO2 antropogénico procedente de actividades industriales, el cual suele contener humedad y una mezcla diversa de impurezas como óxidos de azufre (SOx ), óxidos de nitrógeno (NOx), sulfuro de hidrógeno (H2S), hidrógeno (H2) y monóxido de carbono (CO).
Este perfil de impurezas es especialmente relevante en procesos como la producción de hidrógeno azul, donde el CO2 se captura como subproducto del reformado con vapor del metano. En tales casos, es probable la presencia de contaminación por hidrógeno en la corriente de CO2, lo que introduce nuevos desafíos técnicos.
Esta evolución en las condiciones de procesado requieren diseños de tuberías y estrategias operativas avanzadas para mitigar riesgos asociados con la corrosión, el agrietamiento asistido por el ambiente (EAC) y el control de fracturas. Garantizar un transporte seguro y eficiente de CO2 bajo estas circunstancias exige un enfoque multidisciplinario que integre ingeniería de integridad de ductos, ciencia de materiales, dinámica de fluidos y modelado predictivo, con el fin de fortalecer la resiliencia de la infraestructura y contribuir a los objetivos climáticos a largo plazo.

Operación de tuberías de CO2 en la zona supercrítica
A medida que se intensifican los esfuerzos por combatir el cambio climático a nivel global, las tecnologías CCUS ganan impulso. En el corazón de este compromiso se encuentra una profunda dedicación a la sostenibilidad, la innovación y el impacto a largo plazo, que impulsa cada decisión, inversión y avance tecnológico hacia un futuro más limpio y resiliente, pero, sobre todo, representa un reto de ingeniería complejo: transportar dióxido de carbono en su fase densa o estado supercrítico a través de tuberías. Esto no es solo un logro a niveltécnico: es unavance en la frontera del conocimiento e innovación.
Cuando el CO2 se comprime más allá de su temperatura y presión críticas (31,1 °C y 7,38 MPa, respectivamente), entra en un estado supercrítico. En esta fase densa, se comporta tanto como un gas como un líquido, ofreciendo alta densidad para un transporte eficiente y, al mismo tiempo, fluidez. Esto hace que el CO2 en estado supercrítico sea ideal para la transmisión por tuberías a larga distancia en redes CCUS de gran escala.
Sin embargo, operar dentro de este rango de fase densa introduce riesgos y exigencias únicas. El CO2 supercrítico es altamente sensible a las fluctuaciones de temperatura y presión, que pueden provocar cambios de fase, aumentos de presión y dinámicas de flujo impredecibles. Su potencial corrosivo también aumenta, especialmente en presencia de agua o impurezas, lo que plantea amenazas a la integridad de las tuberías.
Nuevo estándar de seguridad – Tecnología EMAT-C Ultra
En la búsqueda continua de seguridad y confiabilidad en tuberías, la detección avanzada de grietas axiales, como las causadas por corrosión bajo tensión, resulta crucial. La tecnología recientemente desarrollada RoCD EMAT-C Ultra introduce un avance en la inspección en línea (in- line inspection), ofreciendo capacidades de detección y dimensionamiento de grietas con ultra alta resolución.
Con sensores dispuestos estratégicamente para lograr una cobertura del 200% a lo largo del cuerpo de la tubería y las soldaduras longitudinales, el sistema proporciona una probabilidad de detección del 95 % para grietas, incluyendo defectos de pequeñas dimensiones de 20×2 mm. La tecnología realiza escaneos en sentido horario y antihorario, asegurando una identificación integral de anomalías, y destaca en la detección de grietas radiales y longitudinales, tanto internas como externas, incluso aquellas que terminan en los cordones de soldadura.
Diseñada para tuberías con baja tenacidad, EMAT-C Ultra simplifica las evaluaciones de integridad y reduce la necesidad de costosas verificaciones o excavaciones de campo. Su compatibilidad con tuberías de CO2 e hidrógeno la posiciona además como una solución preparada para el futuro, combinando precisión, eficiencia y rentabilidad en una poderosa tecnología de inspección.
La evaluación de datos de EMAT desarrollada por ROSEN aprovecha la inteligencia artificial, utilizando deep learning y reconocimiento de patrones para mejorar la precisión en la clasificación de anomalías. El proceso de Consistency Check se entrena con conjuntos de datos de alta calidad y etiquetas verificadas, evaluando características cercanas a los límites de identificacion, como la distinción entre grietas y no grietas. Cada característica recibe una “puntuación de grieta” (crack score) que refleja su similitud con patrones conocidos. Para reducir falsos positivos y negativos, las características con puntuaciones inesperadas se reevalúan sistemáticamente, garantizando valoraciones de integridad confiables y consistentes.
Inspección de ultra alta resolución que redefine la seguridad de las tuberías
En la carrera por construir y mantener redes seguras y eficientes para el transporte de dióxido de carbono, una innovación está marcando un nuevo estándar: la inspección interna de ultra alta resolución. Con los riesgos más altos que nunca, detectar incluso los signos más pequeños de corrosión interna ya no es opcional: es esencial.
El servicio MFL-A Ultra de ROSEN lidera esta revolución. Esta avanzada tecnología basada en la fuga de flujo magnético (MFL) ofrece una precisión sin precedentes, capaz de identificar defectos tipo “pinhole” de tan solo un milímetro de diámetro. No solo detecta la corrosión, sino que mapea su estructura exacta, revelando morfologías complejas que los métodos tradicionales suelen pasar por alto.
Lo que distingue a este servicio es su integración con aprendizaje automático (machine learning) y modelado por elementos finitos (FEM), que transforma los datos brutos en información accionable con una precisión sobresaliente. Los resultados y beneficios incluyen menos excavaciones innecesarias, evaluaciones de
integridad más confiables y un enfoque más inteligente del mantenimiento de integridad de tuberías.
El servicio MFL-A Ultra ofrece capacidades avanzadas de inspección con ventajas clave: detección temprana altamente precisa, dimensionamiento de pérdidas metálicas, reducción de excavaciones y costos asociados, integración de inteligencia artificial (IA) y FEM para análisis preciso, y detección múltiple de amenazas (corrosión, erosión y deformación) en una sola corrida. Su diseño flexible permite navegar geometrías complejas, mantener el flujo durante la inspección y alcanzar una tasa de éxito del 95% en la primera pasada.
A medida que las redes de tuberías de CO2 evolucionan para satisfacer la creciente demanda del CCUS, tecnologías avanzadas como MFL-A Ultra no son solo innovaciones: son habilitadores y garantes del futuro. Con sensores de ultra alta definición y procesamiento inteligente de datos, los operadores pueden ahora ver más profundo, actuar más rápido y proteger la infraestructura con confianza.
Conclusiones
ROSEN impulsa soluciones pioneras para los sistemas CCUS y los desafíos de las tuberías de CO2, abarcando desde tecnologías avanzadas de inspección hasta modelado predictivo, con un denominador común: proteger los activos, a las personas y al medio ambiente, ayudando a los operadores a mantener el control de integridad sobre las tuberías de CO2 que operan en la zona supercrítica.
Operar en la fase densa del CO2 en condiciones supercríticas no solo requiere de excelencia técnica: se trata de habilitar una infraestructura de gestión de las emisiones de CO2 escalable, segura y sostenible. A medida que las naciones establecen metas climáticas cada vez más ambiciosas, la capacidad de transportar CO2 de manera eficiente y segura será una piedra angular de los esfuerzos globales de descarbonización. En este entorno de CO2 a alta presión, la innovación no es opcional: es esencial.
Este artículo ha sido elaborado por el especialista David Bastidas y publicado como parte de la séptima edición de Inspenet Brief Febrero de 2026, dedicada a contenidos técnicos del sector energético e industrial.