La revolución de la inteligencia artificial (IA) ha desatado un nuevo frente en la batalla por la energía en 2026. La expansión acelerada de centros de datos y servicios digitales ha transformado la forma en que los gobiernos, las empresas energéticas y el sector tecnológico abordan sus estrategias. Aunque el discurso público insiste en el compromiso con una energía baja en carbono, la urgencia por abastecer la infraestructura de IA está alterando esas prioridades.
El auge de la IA multiplica la demanda energética
Durante décadas, la demanda energética en Estados Unidos se mantuvo estable, sin embargo, el despliegue masivo de inteligencia artificial ha cambiado este patrón. Hoy, la capacidad energética se ve presionada por el crecimiento de centros de datos que requieren energía constante y confiable, elevando la necesidad de infraestructuras robustas.
Las tecnologías despachables, como la nuclear avanzada y el gas natural, han tomado protagonismo frente a fuentes intermitentes como la solar o la eólica. La IA exige continuidad, velocidad y volumen, factores que están inclinando la balanza energética hacia soluciones inmediatas, no necesariamente limpias.
Estados Unidos: liderazgo energético como prioridad
En declaraciones recientes, el CEO del American Petroleum Institute (API), Mike Sommers, advirtió que la IA se ha convertido en un factor central de seguridad energética nacional. Según el API, ganar esta carrera requiere reformar permisos, expandir infraestructura y fortalecer el uso de hidrocarburos y nucleares.
Este enfoque va en línea con la administración Trump, que promueve una política centrada en la asequibilidad energética. La postura oficial prioriza combustibles abundantes y baratos, como el gas, por encima de regulaciones climáticas percibidas como costosas.
LNG2026: IA y energía dominan la agenda global
En la conferencia LNG 2026, celebrada Doha, Catar, se reflejó este nuevo panorama. El evento reunio a líderes globales del gas natural licuado (GNL) y abordo cómo el auge de la inteligencia artificial está reconfigurando el rol del GNL como energía puente.
El lema del evento, “Liderando la potencia hoy y mañana”, encaja con el momento actual: la presión tecnológica acelera decisiones que combinan pragmatismo energético con promesas climáticas aún difusas.
¿Tecnologías puente o soluciones de transición?
Empresas como Bloom Energy están captando el interés del sector. Su tecnología de celdas de combustible, capaz de operar con gas natural y potencialmente con combustibles bajos en carbono, se perfila como opción viable para alimentar centros de datos.
Con la cadena de suministro de turbinas de gas bajo presión, estas soluciones modulares podrían facilitar una rápida expansión energética mientras se trabaja hacia un objetivo de descarbonización futura.
La paradoja energética del siglo XXI
Mientras la narrativa dominante habla de sostenibilidad y reducción de emisiones, la realidad es que la mayoría de las inversiones actuales buscan abastecer la demanda energética de la IA, no reducirla. En este sentido, el carbono no es prioridad para muchas tecnológicas, aunque sí forma parte del discurso.
Expertos del sector energético advierten sobre la posibilidad de estar entrando en una “burbuja de infraestructura”, con inversiones guiadas por el entusiasmo tecnológico más que por análisis sostenibles a largo plazo.
En conclusión, 2026 marca un punto de inflexión donde la inteligencia artificial deja de ser una herramienta digital para convertirse en fuerza geopolítica, económica y energética. La pregunta ya no es si la IA transformará el mundo, sino cómo abastecer su creciente sed de energía sin comprometer los objetivos climáticos globales.
Fuente: Wood Mackenzie