El mercado global de almacenamiento de energía entra en 2026 con señales claras de madurez y transformación profunda. Tras cerrar 2025 con más de 100 GW instalados por primera vez en la historia, el sector se enfrenta ahora a retos normativos, cambios tecnológicos y realineamientos estratégicos que marcarán su desarrollo durante el año.
Las cifras de instalación alcanzadas el año anterior muestran que el almacenamiento energético ya no es un componente marginal en la transición energética global. Se consolida como infraestructura esencial, tanto para la estabilidad de redes eléctricas como para la integración eficiente de fuentes renovables.
En China, la eliminación del requisito de vincular nuevas instalaciones renovables con almacenamiento obliga a depender del mercado como mecanismo de ingresos, generando incertidumbre. Al mismo tiempo, EE.UU. mantiene sus incentivos fiscales, pero restringe el uso de módulos y componentes provenientes de China, obligando a rediseñar cadenas de suministro.
Ambos movimientos afectan la competitividad, el flujo de inversión y la planificación de proyectos en múltiples regiones.
El dominio chino en la cadena de suministro sigue siendo sólido, desde materias primas hasta integración de sistemas. No obstante, el exceso de capacidad local, las tensiones comerciales y los requisitos regulatorios internacionales están impulsando una diversificación estratégica.
Los fabricantes asiáticos están trasladando operaciones hacia Asia Meridional, Europa y regiones MENA para esquivar aranceles y adaptarse a normativas como el FEoC estadounidense. Este proceso, aún incipiente, plantea desafíos de costos, logística y cumplimiento que afectarán la disponibilidad de sistemas a corto plazo.
El protagonismo exclusivo del litio está siendo desafiado por nuevas tecnologías que se perfilan como alternativas viables. Soluciones basadas en iones de sodio, baterías de flujo y sistemas hierro-aire están emergiendo en mercados como California, Alemania, España, Irlanda y Australia.
El creciente interés responde a dos factores principales: la complejidad en el abastecimiento de litio y el deseo de diversificar los riesgos tecnológicos. Estas tecnologías prometen menores costos de producción, estabilidad en suministros y mejor desempeño en ciertos usos específicos, como el almacenamiento de larga duración.
Las licitaciones públicas y los esquemas de apoyo en Europa y Medio Oriente están consolidando nuevos polos de crecimiento. Países como España, Italia y Emiratos Árabes están promoviendo la expansión de sistemas de almacenamiento como parte integral de su infraestructura energética.
Estas regiones están aprovechando el momento para atraer inversiones en tecnologías sin litio y fomentar hubs de innovación que podrían cambiar la dinámica del sector en los próximos años.
Además del respaldo a la red, el almacenamiento de energía está ganando relevancia en sectores de alto consumo, como los centros de datos. A medida que estas infraestructuras se expanden globalmente, también lo hace la necesidad de soluciones estables, escalables y sostenibles para su alimentación energética.
El crecimiento del almacenamiento comercial e industrial sugiere que 2026 será un año de transición hacia modelos de negocio más diversificados, en los que la resiliencia energética se convierte en un valor tangible para empresas e instituciones.
En 2026, el almacenamiento de energía dejará definitivamente de ser una opción experimental, las condiciones de mercado, las tensiones geopolíticas y la evolución tecnológica lo posicionan como un eje estructural en la transición energética global. La diversificación de proveedores y tecnologías será crucial para asegurar su crecimiento sostenido.

Brasil espera recibir inversiones por hasta US$1.200 millones en exploración de petróleo y gas entre 2026 y 2033, según datos publicados por la ANP. Solo en 2026 se estiman desembolsos por US$890 millones, de los cuales el 68% corresponderá a perforación de pozos, principalmente en áreas offshore. La información proviene del Panel Dinámico de Pronóstico de Inversiones, una herramienta de inteligencia que consolida los planes presentados por empresas operadoras.
Las cuencas del margen oriental, que incluyen zonas como Santos, Campos y Espírito Santo, concentran el grueso de las inversiones para 2026, con cuatro pozos planificados y un monto estimado de US$658 millones. El margen ecuatorial también gana relevancia con US$196 millones proyectados. En cambio, las cuencas terrestres solo representarían US$34,5 millones, aunque siguen siendo clave para probar nuevas fronteras y mantener la producción en zonas maduras.
El Puerto de Róterdam ha dado a conocer los 10 proyectos más importantes que están marcando su transformación hacia un centro logístico neutro en carbono para 2050. Desde plantas de hidrógeno verde y gasoductos especializados hasta soluciones de captura de CO₂ y barcos eléctricos, cada iniciativa refleja avances concretos que ya están en marcha.
Entre los destacados figuran la planta ELYgator de Air Liquide y el electrolizador H2Next de HyCC, ambos enfocados en hidrógeno verde. También se menciona el proyecto Holland Hydrogen I de Shell, ya erigido en Maasvlakte. Por otro lado, el proyecto Porthos ya completó la instalación de un gasoducto submarino para transportar CO₂ capturado hacia el Mar del Norte. En paralelo, se han realizado pruebas exitosas de abastecimiento de amoníaco y avanzan los preparativos para usar hidrógeno líquido como combustible marítimo.
China probó con éxito el S2000 SAWES, el primer sistema eólico de gran altitud del mundo diseñado para operar en entornos urbanos. Esta unidad aerotransportada, que combina un dirigible con turbinas integradas, alcanzó los 2.000 metros sobre la ciudad de Yibin y generó electricidad conectada a la red, marcando un hito para la energía eólica urbana a gran escala.
El S2000 tiene una potencia estimada de 3 megavatios y puede montarse en apenas ocho horas, lo que le da una versatilidad inédita. La empresa desarrolladora, Sawes Energy Technology, destacó que su diseño resistente y transportable lo hace ideal tanto para zonas urbanas como remotas. Una hora de operación puede cargar hasta 30 vehículos eléctricos de alta gama, según sus creadores.
La firma noruega DNV presentó una nueva práctica recomendada para mejorar la forma en que se planifica la ubicación de detectores de incendios en instalaciones industriales complejas. Bajo el nombre DNV-RP-A102, esta guía busca ayudar a operadores de sectores como petróleo, gas y energía a instalar sistemas de detección de llamas más efectivos, reduciendo incertidumbres y evitando tanto fallos como excesos costosos.
La metodología propuesta incluye variables como la orientación, el alcance real de los sensores y el comportamiento físico del fuego, algo que muchas prácticas actuales no consideran con precisión. Además, incorpora un enfoque basado en riesgo (ALARP) para tomar decisiones más informadas sobre dónde colocar cada detector. Esto es especialmente relevante en instalaciones donde un mal cálculo puede traducirse en incidentes graves o pérdidas millonarias.