La producción de combustible en México alcanzó su punto más alto en una década, y con ello ha empezado a sacudir el delicado equilibrio energético entre el país y Estados Unidos. Con sus refinerías trabajando al máximo rendimiento, México ha recortado sus importaciones de gasolina y diésel a niveles que no se veían desde 2008, lo que está impactando directamente en las refinerías estadounidenses, históricamente sus principales proveedoras.
Pemex ha logrado mantener en funcionamiento sus 6 refinerías, sumando la operación creciente de la planta Olmeca en Dos Bocas, que empieza a consolidarse tras casi 4 años de fallos y ajustes. Solo en diciembre, Dos Bocas alcanzó el 77,5% de su capacidad instalada, marcando su mejor desempeño desde su apertura.
Impacto directo en EE.UU.
Mientras México fortalece su autosuficiencia energética, las refinerías de EE.UU. sufren las consecuencias, con empresas como Valero Energy, Marathon Petroleum y ExxonMobil, quienes ven caer sus exportaciones hacia el sur, en un momento en que los inventarios internos se disparan. Las reservas de gasolina en EE.UU. han subido a niveles no vistos desde la pandemia, y las de diésel son las más altas en 2 años.
En octubre, México importó solo 726.000 barriles diarios de gasolina y diésel, según la Administración de Información Energética de EE.UU., una caída significativa respecto a años anteriores. Este descenso, lejos de ser puntual, parece se una tendencia.
El papel de Dos Bocas y Tula
La entrada en operación de la unidad de coquización en la refinería de Tula ha permitido procesar fuelóleo residual, transformándolo en combustibles de mayor valor comercial. Esta instalación, además, procesa residuos de Salamanca, amplificando su capacidad productiva.
Ambas refinerías están en el centro de la estrategia del gobierno mexicano para alcanzar una mayor soberanía energética. Por ahora, se espera que Pemex mantenga sus plantas operando a plena capacidad al menos hasta la Semana Santa, otro de los picos de demanda por viajes en carretera.
El crudo pesado, otra pieza del conflicto energético
Más allá del combustible procesado, EE.UU. depende del crudo pesado mexicano y canadiense para sus propias refinerías, que están diseñadas para ese tipo de petróleo. La caída en las exportaciones de crudo mexicano implica menos materia prima y menos mercado para sus productos refinados, ambas amenazas para la industria del país.
Las refinerías estadounidenses necesitan crudo pesado, y Estados Unidos está perdiendo rápidamente el petróleo mexicano y canadiense. El petróleo de Venezuela no puede llenar los vacíos tan rápido.
John Padilla, director de la consultora IPD Latin America.
¿Puede México sostener esta racha?
A pesar del impulso actual, la pregunta que muchos se hacen es si Pemex podrá mantener estos niveles de producción sin interrupciones. Las refinerías mexicanas operan con equipos que han estado sometidos a décadas de desgaste y la presión continua aumenta el riesgo de fallos.
De hecho, recientemente se registraron incendios en Dos Bocas y Salina Cruz, recordando que la infraestructura sigue siendo vulnerable. No obstante, México está avanzando hacia una nueva etapa energética, y este avance podría redefinir la relación bilateral en materia de combustibles.
Fuente: Bloomberg
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