Durante el evento OSRL 2025, Adriana Handszer, consultora senior para las Américas de Oil Spill Response Limited (OSRL), abordó los desafíos que enfrentan las empresas en América Latina en materia de preparación operativa frente a emergencias ambientales. Su intervención expuso una situación preocupante: los planes de contingencia suelen centrarse en cumplir requisitos regulatorios, dejando de lado las condiciones reales de operación y los riesgos específicos que podrían materializarse.
De acuerdo con Handszer, muchas organizaciones en la región destinan sus esfuerzos a la elaboración de planes que responden a exigencias regulatorias, pero descuidan su aplicabilidad en el campo.
“Se vuelve un ejercicio de cumplimiento, una lista de chequeo que ignora cómo responder efectivamente en el primer momento de una emergencia”
Afirma Handszer.
Esta primera respuesta es importante para mitigar los impactos ambientales y evitar que el incidente escale.
En este contexto, cobra relevancia el desarrollo de planes tácticos, adaptados a la geografía y a los escenarios reales de cada operación. Según la consultora, estos planes deben incluir directrices claras sobre los tiempos de respuesta, roles del personal involucrado y la aplicación efectiva de sistemas como el manejo de incidentes, que aunque está estandarizado a nivel global, aún no se ha implementado de forma generalizada en los países latinoamericanos.
Una de las causas estructurales identificadas por Handszer es la antigüedad de las normativas ambientales en muchos países de la región. Con marcos regulatorios que datan de los años 80 o 90, el resultado es una brecha entre lo que exige la ley y lo que realmente se necesita para enfrentar una contingencia en el contexto actual.
Esta desconexión impide que las empresas prioricen la actualización de sus capacidades operativas y limita su margen de acción. En lugar de incorporar tecnologías, modelos y protocolos modernos, se enfocan en formatos, estructuras y requisitos que no evolucionan al ritmo de los riesgos actuales.
Otro de los aspectos importantes que destaca la consultora es el manejo de las comunicaciones durante una emergencia. La presencia constante de medios digitales y redes sociales ha reducido drásticamente el tiempo de reacción, generando nuevos desafíos que muchas compañías no están preparadas para enfrentar.
Handszer señala que en numerosas organizaciones, la capacidad de emitir una comunicación oficial depende exclusivamente de la sede central, lo que retrasa las respuestas.
"Hoy en día los medios no esperan, y un evento menor puede amplificarse de forma desproporcionada en cuestión de minutos"
Destacó Handszer.
Por ello, insiste en la necesidad de capacitar al personal más cercano a la operación para que pueda gestionar los medios desde el inicio de la contingencia.
Así mismo, propone incluir el componente comunicacional como parte integral de los entrenamientos de manejo de crisis. Esto permitirá contener el evento desde lo técnico y desde la percepción pública.

Adriana Handszer también destacó el papel que cumple OSRL como cooperativa especializada en preparación y respuesta ante derrames. Con una trayectoria de más de 40 años, OSRL ofrece respaldo técnico, entrenamiento especializado y asesoramiento en la elaboración de planes.
“Lo que obtiene una empresa al ser miembro de OSRL es tranquilidad, saber que hay un equipo listo para responder, que puede ayudar a identificar riesgos y acompañar en la planificación, marca una gran diferencia”, asegura. Esta red de apoyo aporta experiencia operativa y conocimiento sobre buenas prácticas que se pueden adaptar a cada contexto.
Este acompañamiento cobra especial relevancia en escenarios de alta presión, donde la falta de preparación puede derivar en fallas comunicacionales, respuestas desordenadas y una escalada del incidente.
Aunque los incidentes relacionados con derrames se han reducido en frecuencia, siguen representando un riesgo de gran magnitud cuando ocurren. Para Handszer, uno de los principales problemas es la complacencia: “Como no pasa todos los días, se pierde el sentido de urgencia, pero cuando pasa, las consecuencias son enormes”.
Entre los desafíos más urgentes destaca la necesidad de identificar correctamente los peores escenarios posibles y planear en función de ellos. A esto se suma la incorporación de los medios digitales como parte del entorno de riesgo, un elemento cada vez más difícil de controlar sin una estrategia clara.
La preparación operativa ya no puede ser vista como un ejercicio documental o una respuesta genérica. Debe ser realista, adaptada al territorio y actualizada frente a los nuevos escenarios tecnológicos y sociales.
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Fuente: Inspenet.